El menor se dejó guiar por el sonido de aquella voz tentadora. Deseaba besarlo con todas sus fuerzas, sabiendo que, al hacerlo, se derrumbaría cualquier barrera o cordura que aún le quedara. En ese instante, lo único que le importaba era ser consumido por el fuego interior de Heero; ese calor que solo él conocía a la perfección.
El mayor deshizo la trenza, liberando el aroma del aceite de chocolate que Duo solía usar en el cabello.
—Te daré solo una oportunidad para arrepentirte. Si quieres que pare, lo entenderé —advirtió Heero. Posó una mano sobre el cuello blanco del que alguna vez fue su compañero de vida, mientras la otra subía por su rostro hasta la nuca, buscando el ángulo perfecto para adueñarse de sus labios.
—Detente… no sigas.
Heero se quedó congelado. Duo aprovechó el momento para levantarse y poner varios pasos de distancia entre ambos.
—No te mentiré, mis emociones están desequilibradas y me muero por hacer esto contigo —confesó Duo, con la voz entrecortada—. Pero ya no somos dos adolescentes hormonales. Somos adultos y tú me hiciste mucho daño. Siento que esto va demasiado rápido para mi gusto.
—No me gustan tus palabras, pero puedo aceptarlas —respondió Heero tras un silencio—. ¿Eso significa que tengo una oportunidad de recuperar lo nuestro?
—Ha pasado tanto tiempo… ya no soy la persona que conociste años atrás. Ahora cargo con fantasmas que me persiguen y no quiero arrastrarte conmigo. Además —añadió Duo, bajando la mirada—, todavía siento que traicionarme con Relena fue horrible. Se supone que la querías como a una hermana nada más y terminaron durmiendo juntos.
—Respecto a lo de Relena, ni yo mismo sé qué pasó esa noche. Lo único importante de aquello es mi hija. —Heero acortó la distancia y le acarició la mejilla con ternura—. Déjame volver a conocerte, a conocernos. Déjame volver a amarte. Yo también he cambiado; ya no soy aquel muchacho débil. Ahora tengo el poder suficiente para protegerte y no dejar que nada nos separe. Te amo, Duo, con todo y tus fantasmas. Si tengo que enfrentarme al loco de Prize, lo haré sin miedo. Mi único temor es que no me dejes estar a tu lado.
Un silencio cálido envolvió la habitación. Heero sabía que derribar las defensas que Duo había construido durante años sería difícil, especialmente siendo él mismo el arquitecto de muchas de ellas. Solo quería que confiara, que compartiera el peso sobre sus hombros para afrontar todo juntos. Quería darle la paz que tanto merecía.
Por su parte, el corazón de Duo dolía intensamente. Cerró los ojos, apoyando el rostro contra las manos de Heero. Sintió cómo su coraza se desprendía por capas; la calidez de la persona que amaba lo derretía por dentro. Ya no era un incendio que lo consumía, sino una brasa constante que forjaba los cimientos de algo nuevo.
Unas lágrimas escaparon inevitablemente, desbordadas por la emoción. Heero terminó de cerrar el espacio entre ambos con un abrazo firme, sosteniendo no solo el cuerpo de Duo, sino también la fragilidad de ese momento. Besó cada lágrima con devoción, comunicando con gestos lo que las palabras no alcanzaban a decir. No quería que el momento se desvaneciera como uno de sus tantos sueños.
De pronto, unos golpes en la entrada rompieron el hechizo. Duo se separó rápidamente.
—Debe ser Wufei, venía a recogerme para llevarme a mi departamento.
—Lo despacharé enseguida. Yo te llevaré, no lo necesitas de niñera —gruñó Heero.
—Y tú tampoco tienes que serlo —replicó Duo con una sonrisa traviesa—. Además, todavía no quiero que los demás se enteren de lo que está pasando, así que aguanta tus instintos de "macho alfa" y no vayas a marcar territorio. Nos vemos mañana.
Le plantó un beso fugaz y salió corriendo por las escaleras.
Las semanas avanzaron rápido. Duo comenzó a encontrar detalles que Heero dejaba para él: gestos simples pero cargados de significado. Un chocolate, alguna herramienta de lujo, pequeñas notas recordándole que lo amaba y besos robados en los escasos momentos a solas. Casi no se veían durante el día; ambos estaban sumergidos en sus asuntos. Heero solía viajar semanalmente por trabajo y para visitar a la pequeña Relena, quien estaba bajo el cuidado de su tío Milliardo hasta que la situación se estabilizara. A Duo le causaba cierta pena ser el motivo de la separación entre padre e hija, pues era evidente cuánto se querían.
Esa tarde, se reunieron con Heero y Quatre para recibir noticias importantes. También estaban presentes Wufei, con su eterna expresión severa, y Trowa, con su calma inquebrantable.
—Ya que estamos todos, quiero informarles sobre nuestra próxima carrera como grupo Gundam —comenzó Heero, proyectando imágenes en una gran pantalla—. La semana pasada estuve en Italia cerrando acuerdos y cobrando favores pendientes. He logrado que nos unamos a un circuito especial de Fórmula E que se está formando. Ferrari nos invitó oficialmente a participar.
—Eso es impresionante —admitió Quatre—. Yo había intentado agendar reuniones con ellos sin éxito.
—Duo, sé que estás trabajando en los prototipos de motores eléctricos. ¿Cuánto crees que falte para que comencemos las pruebas?
—Yo… espera, sigo asimilando que seremos parte de la Fórmula E —Duo empezó a divagar, calculando fechas mentalmente—. Creo que diez meses. Quizás ocho, si me esfuerzo al máximo.
—La primera carrera es en Monza, en seis meses.
—Lo sé, es uno de los templos de la velocidad. Siempre he querido ver esas carreras de cerca.
—Pues las verás muy de cerca, porque correremos en Monza, luego en Shanghái y terminaremos en el autódromo de Las Vegas.
Cuatro pares de ojos miraron a Heero con incredulidad.
—¿Y pretendes que recorramos medio mundo solo porque tú lo dices? —Wufei rompió el silencio con dureza.
—Algo así. Duo tiene que estar presente y tú, como Preventer, debes velar por su seguridad. Además necesitamos un equipo de pits donde el estará presente. Sin mencionar que podrían aprovechar para atrapar a Prize y hacer bien su trabajo —respondió Heero, sosteniendo la mirada del pelinegro.
—Esto tomará tiempo. Debo consultarlo con la sede central; tras lo de Dubái, hay que ser precavidos.
—Chicos, cálmense —intervino Quatre al notar que el ambiente se caldeaba—. Tenemos más tiempo que en Dubái y seremos más cuidadosos, ¿verdad, Duo? —le lanzó una mirada de reproche—. Además, yo me haré cargo de la logística y el transporte. Tendrán una preocupación menos.
—¡Esto es genial! ¡Amo la pizza y conoceremos Monza! —exclamó Duo, recuperando su alegría habitual.
—Maxwell, vamos por trabajo, no de vacaciones —lo regañó Heero con una leve sonrisa—. Y tú ya deberías empezar a trabajar si quieres estar listo en seis meses.
—Aún nos falta decidir quién será el piloto. El tiempo sigue siendo muy ajustado.
—En eso no hay problema —habló Trowa finalmente—. Yo seré tu piloto esta vez.
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