Unete a mi fortaleza
31 jul 2026
día 31 felicidad
29 jul 2026
día 29 muerte
22 jul 2026
Día 21: pérdida
20 jul 2026
Día 20 : amar
19 jul 2026
Día 19 : sanar
18 jul 2026
Día 18 : disculpa
Disculpa
Para Trowa Barton, las palabras siempre habían sido como munición, debían usarse con moderación y solo cuando el objetivo fuera claro, sin embargo, había una palabra que se le quedaba atascada en la garganta como un mecanismo encasquillado, la disculpa.
Habían pasado semanas desde que el incidente con el sistema ZERO de Quatre quedó en el pasado, pero el silencio de Trowa se había vuelto más denso, no era por falta de afecto, sino por una culpa silenciosa que le carcomía. él se culpaba por no haber llegado antes para evitar que el alma de Quatre se fragmentara bajo el peso del odio.
Una noche, mientras Quatre afinaba su violín en el salón iluminado por la luz de las estrellas, Trowa se quedó observándolo desde las sombras del pasillo.
—Sé que estás ahí, Trowa —dijo Quatre suavemente, sin dejar su tarea—. Puedo sentir tu tristeza... es... abrumadora, necesitas hablar de algo ?
Trowa dio un paso al frente. Sus manos, que podían ensamblar un rifle en la oscuridad total, temblaron apenas un milímetro.
—Quatre —comenzó, su voz más baja de lo habitual—. Nunca te ofrecí una disculpa.
Quatre dejó el arco sobre la mesa y se giró, confundido.
—¿Una disculpa ... por qué? Tú me salvaste Trowa, arriesgaste tu vida para traerme de vuelta cuando yo estaba perdido en la oscuridad de mi propia locura.
—Precisamente por eso —respondió Trowa, acercándose hasta quedar frente a él—. Me pido una disculpa a mí mismo por haber permitido que llegaras a ese punto y te la pido a ti por no haber sido la paz que necesitabas antes de que estallaras. Como soldado, fallé en proteger lo más valioso que tenía, y en ese momento aún no aceptaba... a ti.
Quatre se puso de pie, conmovido por la honestidad brutal de aquel hombre que rara vez mostraba lo que había en su interior. Tomó las manos de Trowa llevándolas hasta su propio corazón.
—Una disculpa no es necesaria cuando hubo amor en cada una de tus acciones aunque en ese momento aún no lo sabías —murmuró Quatre—. El dolor que pasamos no fue tu culpa, fue el precio que debimos pagar por la libertad... No cargues con el perdón de algo que ya fue sanado por tu amor, por nuestro amor.
Trowa cerró los ojos, dejando que la tensión que había cargado en sus hombros durante meses finalmente se disolviera. Aceptar que no podía controlarlo todo, incluso el dolor de la persona que amaba, era su última lección.
—Aun así —insistió Trowa, abriendo los ojos para mirar a Quatre con una devoción absoluta—, quería que lo escucharas, no como un informe, más bien como una persona cualquiera lo siento, Quatre.
Quatre sonrió y en ese momento, la disculpa dejó de ser una carga para convertirse en el puente final hacia una paz sin fisuras, se abrazaron en medio de la habitación, entendiendo que, a veces, pedir perdón no es admitir una derrota, liberar el corazón para que pueda seguir amando sin sombras.
17 jul 2026
dia 17 odio
Odio
En la
quietud de su hogar actual, Quatre solía tocar su violín para alejar los
fantasmas del pasado, pero esa noche, sus dedos se detuvieron sobre las
cuerdas al ver a Trowa limpiar sus
cuchillos de combate por pura inercia.
El silencio
entre ellos no era el habitual de paz, estaba cargado con el peso de un
recuerdo compartido que ambos evitaban, la época en que el odio era su único
motor.
—¿Todavía
lo sientes, Trowa? —preguntó Quatre, su voz apenas un susurro que rompió la
tensión de la sala.
Trowa dejó
el cuchillo sobre el paño blanco, no necesitó preguntar a qué se refería, sus
mentes estaban conectadas por una red de batallas y tragedias que nadie más
podía entender.
—El odio no
desaparece, Quatre. Solo se entierra —respondió Trowa con su característica
frialdad, aunque sus ojos buscaban los del rubio—. Recuerdo el día que
destruiste aquella colonia con el sistema ZERO. Sentí un odio profundo... no
hacia ti, sino hacia el universo que obligó a alguien tan puro a convertirse en
un monstruo.
Quatre bajó
la mirada hacia sus manos, aún podía sentir el eco de la locura que lo invadió
cuando su padre murió, en aquel entonces, el odio lo cegó, una fuerza
destructiva que lo llevó a apretar el gatillo contra todo lo que amaba.
—Yo odiaba
todo —confesó Quatre, con una lágrima traicionera surcando su mejilla—. Odiaba
la guerra, odiaba a la Alianza, y por un momento, me odié a mí mismo tanto que
quería que el espacio se tragara mi existencia...el odio era lo único que me
mantenía despierto, lo único que me daba fuerzas para seguir pilotando.
Trowa se
levantó y caminó hacia la ventana donde el rubio se encontraba , puso una mano
sobre el hombro de Quatre, sintiendo el leve temblor del joven.
—Ese odio
casi nos destruye a ambos —dijo Trowa, obligando a Quatre a soltar su violín
para abrazarlo—. Pero fue ese mismo sentimiento el que nos hizo reconocer el
vacío en el otro, aprendimos que el odio es un fuego que consume al que lo
porta, y que la única forma de apagarlo era dejar que alguien más compartiera
la carga.
Quatre
hundió el rostro en el pecho de Trowa, aferrándose a su suéter recordó el
momento en la guerra en que Trowa se interpuso en su camino para detener su
locura, arriesgando su propia vida, fue el sacrificio de Trowa lo que
transformó el odio de Quatre en un dolor sanador que finalmente se transformó en amor.
—A veces
temo que el mundo vuelva a darnos razones para odiar —murmuró Quatre contra su
pecho.
Trowa lo
apretó con más fuerza, su mirada fija en el horizonte estrellado tras la ventana.
—Si el
mundo nos devuelve al odio, lo enfrentaremos juntos —sentenció Trowa—. Porque
ahora sé que incluso en medio del odio más puro, existe la posibilidad de
encontrar un refugio... Tú eres mi refugio, Quatre.
El violín
permaneció en silencio el resto de la noche, el odio seguía ahí, en las
cicatrices de sus cuerpos y en las sombras de sus memorias, pero ya no tenía
poder sobre ellos.
Habían convertido las cenizas de su pasado en los cimientos de un futuro donde el único sentimiento que reinaba era la gratitud de haber sobrevivido a sí mismos.
16 jul 2026
dia 16 objetivo
Obejetivo
La mañana del cumpleaños comenzó con una precisión que solo Heero Yuy podría ejecutar, la luz artificial de la colonia se filtraba suavemente por la ventana, Heero ya estaba despierto, no hubo alarmas ruidosas, solo el aroma de unos panqueques recién hechos y el café favorito de Duo invadiendo la habitación.
—Feliz cumpleaños, Duo —susurró Heero cuando el castaño comenzó a estirarse, desorientado.
Duo abrió los ojos y, al ver la bandeja de desayuno y la expresión extrañamente suave de Heero, soltó una carcajada llena de deleite.
—¿Heero? ¿Tú cocinando sin que nada haya explotado? Definitivamente es un milagro de cumpleaños —bromeó Duo, sentándose de un salto.
Pero eso era solo el inicio, durante el resto del día, Heero guió a Duo a través de una serie de eventos que parecían casuales pero estaban fríamente cronometrados, visitaron el parque botánico de la colonia cuando la luz era perfecta, almorzaron en ese pequeño restaurante italiano que Duo siempre miraba de lejos y no hubo ni rastro de Wufei o misiones de último minuto.
Heero había "neutralizado" cualquier distracción externa con días de antelación.
Al caer la noche, Heero llevó a Duo al pequeño almacén secreto que había alquilado cerca del puerto espacial.
—Heero, si esto es una trampa de entrenamiento, juro que voy a... —Duo se interrumpió al entrar.
El lugar estaba decorado con una sencillez elegante, iluminado por luces cálidas que daban un encanto especial al frío metal, en el centro, había una mesa para dos con los platos que Heero había aprendido a preparar en secreto, pero el verdadero regalo estaba al fondo, cubierto por una lona.
Heero retiro la lona y debajo descansaba una motocicleta antigua, restaurada a mano por él mismo, no era una máquina de guerra, sino un vehículo diseñado para la libertad,
Duo se quedó sin palabras, sus dedos recorrieron el metal pulido, sintiendo el esfuerzo que Heero había puesto en cada tornillo.
—Heero... esto es... no tengo palabras —susurró Duo, lanzándose a sus brazos.
Heero lo sostuvo con fuerza, sintiendo el latido acelerado de Duo contra su pecho.
En su mente, una pantalla imaginaria repasó los parámetros de la misión:
*Bienestar del sujeto: Óptimo.
*Sorpresa: Ejecutada con éxito.
*Vínculo emocional: Reforzado.
Mientras Duo lo besaba con una pasión renovada, Heero cerró los ojos y, por primera vez en su vida, se permitió sentir una satisfacción que no venía de una batalla ganada, sino de una vida compartida.
*Objetivo de la misión: Cumplido al 100%.
15 jul 2026
día 15 encantó
14 jul 2026
dia 14 daño
Daño
Hubo un
tiempo en que la palabra daño no era una abstracción emocional para Heero y
Duo, era más bien una medida estadística. En la cabina del Wing y del
Deathscythe, el daño se calculaba en porcentajes de blindaje perdido, en litros
de combustible derramado, pero el daño más profundo era el que no aparecía en
los monitores.
Sucedió
después de una de sus incontables batallas, Duo había regresado a la base
secreta con el hombro dislocado y la mirada inusualmente apagada. Heero lo
encontró en el hangar, intentando vendarse solo con manos temblorosas.
-Déjame
-dijo Heero, arrebatándole la venda con una brusquedad que ocultaba una
urgencia desesperada por ayudar.
-Es solo un
rasguño, Heero. He sufrido más daño cayéndome de un árbol de pequeño -intentó
bromear Duo, pero la risa se transformó en un gemido de dolor cuando Heero
aplicó presión.
Heero se
detuvo, sus ojos azules se clavaron en los de Duo en aquel entonces, Heero no
sabía cómo consolar, solo sabía como matar, para él, Duo era la única pieza de
ese mundo caótico que valía la pena mantener intacta lo más posible. verlo
herido le provocaba una sensación de cortocircuito interno que no sabía nombrar
o explicar.
-El daño
físico se cura -sentenció Heero, su voz vibrando con una intensidad contenida-
pero te estás rompiendo por dentro. Duo, tu tasa de error en combate ha subido
un 15%, estás dejando que la guerra te haga un daño que no puedo reparar con
herramientas.
Duo bajó la
cabeza, dejando que su larga trenza despeinada cayera sobre su hombro.
-¿Y tú no,
Heero? Te tratas como si fueras una máquina desechable. Te lanzas al peligro
como si no importara cuánto daño reciba tu cuerpo, me aterra que un día te
rompas tanto que no quede nada de ti para que yo pueda encontrarlo.
En ese
momento, en la penumbra del hangar, ambos comprendieron que se estaban haciendo
daño mutuamente de la forma más suave posible, preocupándose el uno por el otro
en un mundo que les exigía ser despiadados.
Cada herida
de Heero era un golpe al corazón de Duo, y cada lágrima contenida de Duo era un
fallo en el sistema operativo de Heero.
-Prométeme
algo -susurró Duo, rompiendo el silencio- prométeme que, si sobrevivimos a
esto, dejaremos de hacernos tanto daño, que buscaremos una vida donde las
cicatrices solo sean recuerdos, no heridas abiertas.
Heero no
prometió nada con palabras, pues los soldados no hacían promesas que el destino
podía romper. En su lugar, terminó de vendar a Duo con una delicadeza que
contradecía su entrenamiento, asegurándose de que cada nudo fuera firme.
Ese fue el
día en que Heero entendió que su misión no era solo ganar la guerra, sino
minimizar el daño en el alma del chico de la trenza. Años después, mientras
preparaba el regalo de cumpleaños de Duo, Heero todavía recordaba aquel hangar
y agradecía que, por fin, el único daño que existía entre ellos era el miedo
irracional a la ausencia, un dolor que solo el amor era capaz de sanar.
Encanto
Si Duo era
el estrépito de una tormenta y Heero el rayo que la cruzaba, Quatre y Trowa
eran la calma que quedaba después de la lluvia. En el apartamento de los
Winner, la palabra encanto no se usaba para describir algo superficial; era la
definición misma de su convivencia.
Trowa se
encontraba sentado frente al ventanal, observando las luces de la colonia con
esa expresión imperturbable que solía alejar a los extraños. Sin embargo,
cuando Quatre entró en la habitación llevando dos tazas de té, el rostro de
Trowa se suavizó de una manera casi imperceptible para cualquiera que no fuera
el joven de cabellos dorados.
-Te has
quedado absorto de nuevo, Trowa -dijo Quatre con una sonrisa suave, dejando el
té sobre la mesa.
Trowa lo
miró y, por un segundo, se permitió perderse en el encanto de los ojos azul
cielo de su compañero. Quatre tenía esa capacidad innata de suavizar los bordes
afilados del mundo de un soldado.
-Solo
pensaba en lo mucho que ha cambiado todo -respondió Trowa con su voz pausada-.
Hubo un tiempo en que el único encanto que encontraba en la vida era el riesgo
de una misión o la precisión de un disparo. Ahora...
Hizo una
pausa, extendiendo su mano para que Quatre la tomara. El contacto fue ligero,
pero cargado de una electricidad reconfortante.
-Ahora el
encanto reside en estas pequeñas cosas -continuó Trowa-. En el sonido de tu
violín por las mañanas, en la forma en que cuidas de todos nosotros, incluso
cuando no te lo pedimos. Tienes un encanto que me hace olvidar que alguna vez
fuimos armas de guerra.
Quatre se
sonrojó ligeramente, sentándose a su lado en el sofá. Para él, el encanto de
Trowa no residía en su misterio, sino en su gran lealtad . Trowa era un hombre
de pocas palabras, pero sus acciones lo decían todo.
-A veces me
asusta que este encanto se rompa -confesó Quatre, apoyando la cabeza en el
hombro del más alto-. Que el mundo exterior decida iniciar una nueva guerra
donde debamos actuar nuevamente.
Trowa pasó
un brazo alrededor de la cintura del rubio, atrayéndolo hacia sí.
-No dejaré
que pase, Quatre. Hemos luchado lo suficiente para ganar este derecho. El
encanto de nuestra paz es mi prioridad ahora. Si alguien intenta
arrebatárnoslo, descubrirán que el soldado que fui sigue aquí, solo que ahora
tiene una razón real para pelear.
Se quedaron
así, en un silencio cómodo que no necesitaba ser llenado, su relación no
necesitaba de grandes gestos ni de declaraciones ruidosas, se alimentaba de la
comprensión mutua, de la paz que solo
dos almas que han visto el horror pueden apreciar verdaderamente cuando
encuentran el amor.
13 jul 2026
dia 13 envidia
Envidia
Para Heero,
el tiempo siempre había sido una magnitud física, algo que se medía en segundos
para la detonación o en minutos para la llegada de un transbordador, pero los
días previos al cumpleaños de Duo, el tiempo se transformó en un veneno lento.
Sus jefes
habían asignado a Duo y a Wufei una misión de reconocimiento en los niveles
inferiores en L5.
Requería
horas de preparación técnica, simulacros de infiltración y turnos de vigilancia
que se extendían hasta la madrugada. Mientras Heero se quedaba en el
departamento, un sentimiento amargo comenzaba a corroer su disciplina.
Era envidia.
No era
envidia por la misión en sí -Heero había realizado cientos de ellas-, sino por
la proximidad. Wufei tenía acceso al tiempo de Duo, a sus bromas constantes
bajo la presión del trabajo, incluso a sus quejas constantes por cualquier
cosa.
Una tarde,
mientras Heero revisaba unos informes de balística, vio a los dos regresar, venían discutiendo, como siempre, Wufei con su semblante severo y Duo moviendo
las manos con entusiasmo, rozando accidentalmente el hombro del piloto del Altron
mientras reía.
Heero apretó
el bolígrafo con tanta fuerza que el plástico crujió.
-Llegas
tarde -dijo Heero cuando Duo finalmente entró al departamento, dos horas
después de lo previsto. Su voz sonó más fría de lo que pretendía, un mecanismo
de defensa automático.
-¡Lo siento,
Heero! Wufei es un perfeccionista insufrible. Nos hizo repetir el protocolo de
cierre tres veces porque decía que mi técnica era "descuidada" -Duo
se dejó caer en el sofá, exhausto- Mañana tenemos que estar en el hangar a las seis
de la mañana .
Heero no
respondió de inmediato. La imagen de Wufei y Duo compartiendo esas horas de
soledad profesional le provocaba una punzada de irritación.
Él debería
estar allí. Él debería ser quien escuchara las quejas de Duo sobre los
protocolos.
-Wufei es
eficiente -logró decir Heero - Pero podrías haber solicitado un relevo de
trabajo por motivos de descanso.
Duo lo miró
con curiosidad, una pequeña sonrisa formándose en sus labios.
-Vaya... ¿el
soldado perfecto está sugiriendo que me salte el reglamento? ¿O es que extrañas
a tu compañero de piso?
Heero desvió
la mirada hacia la ventana. No podía admitir que sentía envidia de la libertad
de Wufei para estar cerca de él sin tener que esconderse tras una "misión
secreta" de cumpleaños. Se sentía estúpido compitiendo por la atención de
Duo con uno de sus camaradas más antiguos, pero el sentimiento estaba ahí,
palpitando bajo su piel.
-Solo me
aseguro de que estés en condiciones óptimas para... tus deberes -mintió Heero.
Duo se
levantó y se acercó a él, rodeando su cuello con los brazos por la espalda.
-Tranquilo,
Heero. Wufei es solo un bloque de hielo con un manual de justicia bajo el
brazo. Tú eres el único que me quita el sueño -le susurró al oído, besando su
mejilla.
Ese pequeño
gesto calmó el incendio de la envidia por un momento, pero Heero sabía que
tendría que soportar un día más de esa separación forzada.
Mientras Duo
se iba a duchar, Heero volvió a sus notas de cumpleaños. Si Wufei tenía el
tiempo de Duo ahora, Heero se aseguraría de que el futuro, empezando por su día
especial, le perteneciera solo a ellos dos.
12 jul 2026
dia 12 misión
Para el ex
soldado perfecto , el concepto de "celebración" siempre había sido
una variable irrelevante en su vida, sin embargo, desde que cierto trenzado se
había convertido en el centro de su universo, las prioridades habían cambiado
drásticamente, con el cumpleaños de Duo a la vuelta de la esquina, Heero se
impuso una nueva misión , organizar el mejor cumpleaños perfecto, sin que el
experto en infiltración que tenía por novio sospechara absolutamente nada.
Heero
comenzó su fase de reconocimiento, durante días, observó a Duo con una
intensidad que habría puesto nervioso a cualquier enemigo, pero que Duo simplemente
interpretaba como uno de los "momentos intensos" del mayor.
Anotaba
mentalmente cada detalle, si Duo se quedaba mirando un escaparate más de tres
segundos, Heero registraba el objeto, si Duo mencionaba de pasada que extrañaba
algún sabor de la Tierra, Heero iniciaba una búsqueda en la red de suministros
de la colonia.
—¿Heero?
¿Por qué estás mirando mi historial de navegación con esa cara de estar
descifrando códigos de seguridad de la Alianza? —preguntó Duo una tarde,
asomándose por encima de su hombro.
Heero cerró
la pestaña del ordenador con una velocidad sobrehumana.
—Análisis de
datos de mantenimiento —mintió sin pestañear, aunque por dentro su pulso se
aceleró ligeramente, una mentira para proteger la sorpresa no se sentía como
una mentira era una necesidad estratégica para su misión .
Incluso
llegó a contactar con Quatre, bajo estricto protocolo de silencio.
—Quatre,
necesito una lista de los objetos que Duo ha mencionado desear en los últimos
seis meses —dijo Heero a través de una línea encriptada por el mismo.
—¿Heero?
¿Estás planeando su cumpleaños? ¡Qué detalle tan dulce! —la voz de Quatre
sonaba entusiasmada.
—Es una
misión, Quatre. No lo hagas sonar como algo sentimental —replicó Heero, aunque
el ligero tinte rosado en sus orejas decía lo contrario— Necesito precisión, no
entusiasmo.
A pesar de
su fachada de frialdad, Heero disfrutaba del proceso. Había algo profundamente
satisfactorio en dedicar su mente analítica a la felicidad de Duo. Se pasaba
las noches, mientras Duo dormía profundamente tras el agotamiento de sus turnos
en la oficina, revisando catálogos de piezas para naves o ropa técnica, algo
que lo hiciera sentir que, sin importar cuántas cosas hubiera perdido en el
pasado, este hogar a su lado era definitivo.
Sin ser
descubierto, Heero iba armando el rompecabezas donde cada pieza tenía un
espacio importante
Duo, por su
parte, solo notaba que su compañero estaba un poco más distraído y que,
extrañamente, siempre parecía estar un paso por delante de sus antojos. No
sabía que el "soldado perfecto" estaba librando la batalla más
importante de su vida: la lucha contra su propia naturaleza reservada para
demostrarle, a través de un regalo, que su amor era tan grande como el
espacio que los rodeaba.
11 jul 2026
dia 11
El frío no era como el de la colonia espacial, era un frío
húmedo, que le calaba en los huesos, corría por los pasillos del orfanato de la
iglesia del padre Maxwell, pero las paredes ya no eran de madera, sino de flama
, llamas que consumían las pocas pertenencias que poseían.
-¡Padre Maxwell! ¡Hermana Helen! -gritaba, pero su voz
sonaba pequeña como las de un niños, al mirar sus manos se dió cuenta que
volvía a tener 7 años.
Vio a sus pequeños amigos ,ser consumidor por las llamas, ya
no recordaba sus rostros ahora eran figuras borrosas transformándose en cenizas
ante sus ojos orquestado por gritos de dolor.
El pecho le apretaba , la ansiedad le cerraba la garganta no
era un dolor físico, era el vacío absoluto de perderlo todo una vez mas, que lo
más cercano a una familia que tenía se volvía cenizas. Se sentía como un
espectro caminando entre las ruinas de lo único que había llamado hogar alguna
vez en su corta vida , la soledad se sentía como una mano de hierro apretando
su corazón sin piedad .
-¡No me dejen solo! -sollozó en la oscuridad del sueño,
mientras el techo se desplomaba sobre él
Duo despertó de golpe, con un grito mudo atrapado en su
garganta, sudando frío con su respiración entrecortada mientras su cuerpo
temblaba como aquella vez que lograron salvarlo solamente porque no estaba en
los dormitorios con los demás niños.
-Duo... Duo, mírame,
La voz era profunda, calmada , Heero estaba sentado a un
lado de la cama que compartían ,con su presencia llenaba todo el espacio que
antes ocupaba el miedo.
Con una lentitud deliberada, Heero tomó las manos
temblorosas de Duo entre las suyas de forma firme devolviendo a Duo a la
realidad poco a poco, la seguridad de su hogar compartido.
-Se han ido, Heero... todos se han ido -susurró Duo, con la
voz rota, escondiendo el rostro en el hueco del hombro del castaño.
Heero lo rodeó con sus brazos, envolviendolo en un abrazo
buscando protegerlo ,apoyó su mejilla contra la frente de Duo, dejando que el
calor de su piel actuara como el antídoto contra el frío recuerdo.
-Yo estoy aqui-sentenció Heero cerca de su oído- No eres el
único que queda, Duo. Somos dos ahora, somos familia.
Duo se aferró al pecho de Heero, dejando que las lágrimas
finalmente salieran, de forma rítmica tranquila, en ese abrazo, el dolor de la
pérdida de su infancia comenzó a transformarse. Ya no era un niño solo en una
iglesia en llamas, era un hombre amado, por alguien que comprendía el peso de
las cicatrices porque cargaba con las suyas propias.
Poco a poco, el latido del corazón de Heero se convirtió en
el único ritmo que importaba, la única ancla que necesitaba para volver a la
tranquilidad de su corazón
10 jul 2026
DIA 10
El nudo en la garganta de Heero se disolvió por completo cuando Duo lo abrazó, pero un nuevo tipo de calor comenzó a expandirse por su pecho.
No era el calor abrasador de la batalla, era un calor suave y constante, se dio cuenta, con una claridad impresionante, de que estar allí, con Duo escondido en su pecho, era un deleite que nunca antes se había permitido imaginar.
—Deja de pensar tanto, Heero. Puedo escuchar los engranajes de tu cerebro girando desde aquí —susurró Duo, sin moverse.
Heero sonrió levemente. Separó a Duo suavemente, pero solo lo suficiente para poder verlo a sus ojos que tanto amaba, el deleite de observar cómo esas orbes violetas de Duo brillaban bajo la tenue luz de la lámpara de pie, sin rastro de miedo ni desconfianza, era algo que no quería perderse por nada del mundo.
—¿Y tú en qué piensas? —preguntó Heero, tomando la trenza de Duo con delicadeza para luego desarmarla disfrutando de la suavidad de esta.
Duo sonrió, con esa sonrisa que podía iluminar toda la colonia espacial si se lo proponía.
—En que, aunque eres un soldado roto y un testarudo, eres mi soldado roto y testarudo y en que, por mucho que me queje de tus silencios, escucharlos es mi mayor deleite.
Heero no respondió, pero no fue necesario disfrutaba de la calma que compartían, la certeza de que estaban el uno para el otro, era más poderoso que cualquier palabra, que sus más grandes victorias estaban en aquellos momentos de intimidad, en la risa de Duo, en su calor, en la música de su voz. Duo era, sin duda, su mayor deleite, y estaba dispuesto a proteger esa felicidad con todo lo que tenía.
9 jul 2026
DIA 9
El ambiente en el departamento de Quatre era radicalmente distinto al silencio tenso de los días anteriores.
El aire olía a té de jazmín, incienso de canela y a la comida árabe que Quatre había preparado para celebrar la recuperación de Heero y Trowa.
Alrededor la mesa de centro, sentados en el suelo sobre una suave alfombra y varios cojines para estar más comodos, un complejo juego de mesa de estrategia se desplegaba, dados, fichas y pequeños personajes que los representaban.
—Derrota total —sentenció Wufei, cruzándose de brazos mientras observaba cómo Duo avanzaba su ficha por el tablero—. Tu estrategia es errática, Maxwell. No tiene lógica no tiene ni pies ni cabeza
—¡Eso es porque no es una estrategia, Wufei! Es puro caos, el estilo del Dios de la muerte !!—rio Duo, guiñándole un ojo a Heero, quien estaba sentado a su lado, observando el juego con una intensidad que cualquiera confundiría con análisis táctico, pero que Quatre sabía que era simple adoración.
Trowa, que tenía un brazo en cabestrillo pero mantenía su expresión imperturbable, movió una de sus piezas con calma.
—La lógica no siempre gana, Wufei. A veces, aceptar la derrota en un frente te permite ganar la guerra en otro —comentó Trowa, lanzando una mirada significativa hacia Heero.
Heero permaneció callado, sosteniendo su taza de té. La palabra "derrota" resonaba en su mente de una forma nueva. Durante años, perder una batalla era el fin del mundo, una falla en su programación como soldado. Pero ahora, mirando a Duo reír a carcajadas mientras intentaba convencer a Quatre de que le perdonara la vida en el juego, Heero entendía que había otro tipo de rendición.
—Te toca, Heero —dijo Quatre con suavidad— has estado muy concentrado, acaso intentas matarnos a todos a la vez como la última vez que jugamos.
Heero miró el tablero y luego a Duo, quien le daba ánimos con gestos exagerados para que borrara a Wufei del tablero, pero el castaño simplemente dejó su ficha a un lado.
—Acepto la derrota —dijo Heero con una voz clara y tranquila que hizo que todos en la mesa se detuvieran.
—¿Qué? ¡Pero Heero! —exclamó Duo, boquiabierto—. ¡Todavía tienes oportunidad! El Heero que yo conozco no se rinde ni aunque le disparen a quema ropa.
Heero lo miró fijamente, con una pizca de esa risa gentil que solo Duo lograba provocar.
—Hay batallas que no vale la pena ganar —respondió con sencillez—. Entendí que rendirse no siempre es debilidad. A veces, admitir una derrota ante lo que sientes es la única forma de ser libre.
Un silencio cómodo cayó sobre el grupo. Los antiguos pilotos de Gundam, hombres que habían sido diseñados para no rendirse jamás, entendieron perfectamente el subtexto. No hablaban del juego de mesa; hablaban de la armadura que Heero finalmente se había decidido abandonar.
—Vaya... eso fue profundo —susurró Duo, con las mejillas ligeramente sonrojadas, antes de intentar romper el hielo—Pero igual no significa que te dejes ganar , Wufei me matara en la siguiente ronda.
—vamos , no se supone que eres el Dios de la muerte —asintió Heero, permitiendo que Duo entrelazara sus dedos con los suyos bajo la mesa.
En ese momento, rodeado de sus amigos los cuales la vida los había transformado en sus hermanos y con el calor de Duo a su lado, Heero comprendió que haber perdido su identidad como soldado perfecto para convertirse en un hombre capaz de amar esa era, sin duda alguna, su más grande victoria
8 jul 2026
DIA 8
El regreso al departamento debería haber sido el final de la pesadilla, pero para Heero, el silencio de las paredes blancas del hospital había sido reemplazado por un ruido que cada vez se hacía más fuerte en su mente.
Duo estaba radiante. Se movía por la cocina con una energía renovada, tarareando una melodía de alguna vieja canción de las que solía escuchar en su orfanato junto a las monjas, mientras preparaba algo para comer. Sin embargo, Heero lo observaba desde el sofá, con la costilla aún vendada y el corazón extrañamente oprimido. La imagen de la enfermera pelirroja y la facilidad con la que Duo se desenvolvía con los demás no dejaba de dar vueltas en su cabeza.
—Heero, ¿estás bien? Estás más silencioso de lo normal, y eso ya es decir mucho —dijo Duo, acercándose con una taza de té de manzanilla.
Heero tomó la taza, pero no bebió. Sus ojos se fijaron en un pequeño sobre que asomaba del bolso de Duo, el mismo que trajo del hospital.
—Esa mujer... la enfermera —soltó Heero con voz ronca—. Te dio algo antes de salir, pude ver cómo te entregaba un sobre.
Duo parpadeó, confundido para luego soltar una risa nerviosa que a Heero le supo amargo.
—Ah, eso. Solo era su número de contacto por si tenías alguna recaída con la herida o nesecitamos ayuda médica...
—Recaída? Tanto tu cómo yo tenemos suficiente conocimiento para curar nuestras propias heridas, además para eso está el servicio de emergencias de la colonia, no el teléfono personal de una enfermera que no dejaba de tocarte el brazo —replicó Heero, dejando la taza sobre la mesa con un golpe seco.
Se puso de pie, ignorando el pinchazo de dolor en su costado, y caminó hacia la ventana que mostraba el vacío estrellado del espacio.
Duo se quedó gélido. La palabra resonó en el pequeño departamento como un disparo. Se acercó a Heero, pero esta vez no hubo bromas ni guiños.
—¿De qué hablas?_ respondió el trenzado con un claro tono de reproche _ ¿Crees que yo sería capaz de...?
—Hablo de que podrías buscar en otros la calidez que yo no sé cómo darte —lo interrumpió Heero, girándose para enfrentarlo con una mirada cargada de una vulnerabilidad aterradora— Hablo de que me aterra que un día te des cuenta de que un soldado roto no es suficiente, que busques fuera lo que yo no sé darte, el solo hecho de que consideres que alguien más podría hacerte sonreír mejor que yo, se siente como una traición.
Duo lo tomó de la camisa, obligándolo a fijar la vista en él. Sus ojos violetas estaban llenos de una chispa de indignación, pero también de un amor profundo.
—Escúchame bien, Heero Yuy. No vuelvas a usar esa palabra entre nosotros. No hay infidelidad posible cuando mi alma está encadenada a la tuya desde que teníamos quince años, desde casi matarte con esa bala que adorna nuestra sala en especial por todas las cosas que vivimos juntos, esa enfermera es solo ruido de fondo, pero tu eres mi música.
Duo lo abrazó con cuidado de no lastimar su costilla, escondiendo el rostro en su pecho. Heero cerró los ojos y por primera vez en días, el nudo en su garganta comenzó a ceder. Entendió que su mayor enemigo no era una pelirroja coqueta, su peor enemigo eran todas sus inseguridades que dejaba gobernar sus sentimientos cuando se sentía vulnerable...
7 jul 2026
DIA 7
Heero deseaba con todas sus fuerzas que el tiempo en el hospital pasara rápido para poder regresar a casa. Detestaba ver cómo las enfermeras y el personal de salud miraban a Duo con intenciones de ligar o le coqueteaban sin disimulo alguno. Para su colmo, el trenzado parecía no notar aquellas "atenciones", como el hecho de que lo dejaran entrar antes del horario de visitas o permitieran que se quedara mucho después de que este terminara.
Sobre todo, detestaba a una enfermera pelirroja de curvas pronunciadas que le sonreía a Duo descaradamente. Heero no podía evitar imaginar distintas formas de acabar con ella utilizando cualquier objeto que tuviera al alcance de la mano; su mente de soldado a veces era más fuerte que él mismo cuando detectaba una amenaza. ¿Amenaza? Era solo una enfermera. ¿Por qué su mente la procesaba así? En ese momento, algo en su interior hizo "click" y la palabra celos lo invadió por completo. Era una emoción nueva que jamás pensó experimentar.
Si sentía celos, ¿significaba que sus sentimientos no eran lo suficientemente maduros, o tal vez eran inseguridades propias? Él podía darle a Duo el mundo entero si este se lo pidiera, pero no podía darle hijos. A su amado trenzado le encantaban los niños; siempre jugaba con los hijos de sus compañeras en la oficina o con las sobrinas de Quatre. Los niños lo amaban, y Heero, en el fondo, sentía que eso era lo único que faltaba para completar su pequeña familia.
Escuchó ruidos en el pasillo y cerró los ojos. Era más fácil fingir que dormía que enfrentar esos sentimientos recién descubiertos. Por los pasos ligeros y las risas, supo enseguida que era Duo; podía escuchar a través de la puerta que conversaba animadamente con alguien, seguramente la enfermera pelirroja.
-Buenas tardes, señor Maxwell. Qué alegría verlo por aquí -saludó la mujer.
-Hola, linda. Sí, traía algunas cosas para Heero. Mañana le dan el alta y no quiero que salga con la bata del hospital -respondió Duo con su habitual carisma.
-Se ve que son muy amigos. Son tan distintos... El señor Yuy es muy reservado; a veces dudamos de que sepa hablar, solo usa monosílabos.
-Oh, sí que habla. Y tiene una voz hermosa -le soltó Duo, guiñándole un ojo antes de entrar a la habitación.
El cuarto era amplio, blanco y con ese penetrante olor a desinfectante. Duo caminó hacia la cama de Heero, se dejó caer en una silla y apoyó los pies sobre el colchón, cerca de las piernas del mayor.
-Te haces el dormido para escuchar mis conversaciones -dijo Duo con una sonrisa; sabía perfectamente cuándo Heero dormía de verdad.
-No me hago el dormido -respondió Heero sin abrir los ojos-. Pude escuchar todo tu ruido desde que entraste al piso. Tus risas con la enfermera se oían hasta aquí.
-Vaya, el "soldado perfecto" todo lo sabe y todo lo ve. Estar encerrado te está poniendo de mal genio, más de lo normal.
-No soy un soldado perfecto. Mi debilidad más grande es el amor que siento por ti, y eso me hace una persona común, como cualquier otra.
Duo se quedó en silencio, casi en shock. Era extraño y conmovedor escuchar a Heero hablar de sus sentimientos de forma tan abierta y espontánea.
-¿Seguro que eres mi Heero Yuy? -preguntó Duo, mirándolo totalmente conmocionado-. Por un momento pensé que estabas celoso de la enfermera.
-Sí... puede que lo esté.
Heero se incorporó de la cama con una rapidez que hizo que Duo perdiera el equilibrio. Lo sujetó con firmeza por el brazo para evitar que cayera, atrayéndolo hacia su cuerpo.
-Porque eres solo mío -sentenció Heero.
Sin darle tiempo a replicar, lo besó con posesividad, sujetando su nuca con la mano libre para no dejarlo escapar.
DIA 6
—Huevos, harina, azúcar, mantequilla, fresas o melocotón... —Duo repasaba en voz alta la lista de ingredientes para hacer un pastel.
Faltaban pocos días para el cumpleaños de Heero y quería regalarle algo especial. Durante sus años de amistad habían celebrado varios cumpleaños juntos, pero este sería el más significativo de todos: el primero que pasarían juntos como pareja. Duo deseaba con todo su corazón que esa noche fuera perfecta.
Había pedido libre la tarde anterior al cumpleaños de Heero para preparar todo. Esa noche solo serían ellos dos, el pastel y una botella de champagne que tenía guardada desde su última misión en la Tierra, hacía algunas semanas.
Tenía casi todo listo cuando su teléfono vibró. Era un mensaje de su compañero anunciando que ya habían tomado el transbordador hacia L2 y que llegaría en una hora. Pero esa hora se transformó en dos, y en tres, y en cuatro...
Faltaba poco para las once de la noche cuando la voz angustiada de Quatre sonó a través de su móvil.
—Hubo un accidente en el transbordador en el que venían Trowa y los demás... Estoy por llegar a tu departamento para ir al hospital.
La mente de Duo quedó en blanco. Su corazón latía con fuerza, invadido por el terror ante lo que pudiera haber pasado. Bajó corriendo las escaleras; afuera del edificio, Quatre ya lo estaba esperando. El trayecto al hospital, que solía ser de media hora, se sintió eterno. Lo único que deseaba en ese momento era que Heero estuviera bien.
En el pasado, ambos habían estado al borde de la muerte más de una vez, arriesgando sus vidas en situaciones donde el temor no tenía cabida. Después de todo, estaban solos y no tenían nada que perder. Pero ahora... ahora todo era diferente.
Al llegar a la sala de emergencias, se encontraron con Iria, la hermana de Quatre y doctora del hospital.
—Mi "cuñado" se encuentra bien —dijo, refiriéndose a Trowa con una leve sonrisa de alivio—. Solo tiene algunos rasguños. Yuy se llevó la peor parte: tiene una costilla rota. Por suerte, no fue nada más grave.
A Duo se le heló la sangre y su piel se puso aún más pálida de lo que ya era.
Corrió por el pasillo hasta llegar al cuarto donde estaba su compañero. Lo único que deseaba con toda su alma era que estuviera bien.
Deseaba que no fuera tan grave como Iria decía.
Deseaba poder abrazarlo, tenerlo por siempre en el resguardo de sus brazos.
Deseaba que ya nada malo les pasara...
DIA 5
"Debemos conversar, es importante".
Duo había recibido aquel corto mensaje de Heero temprano por la mañana, y la frase lo había dejado inquieto el resto del día. Se encontraba en terreno; había salido de la colonia hacia L3 para revisar el sistema de seguridad de una nueva oficina. Aunque era un procedimiento rutinario y, de no haber inconvenientes, estaría en casa por la noche, sentía que no podría soportar todo el día con esa incertidumbre.
Durante horas, repasó mentalmente sus acciones del día anterior, de la semana pasada e incluso del mes anterior, buscando alguna señal que explicara el motivo de aquella conversación pendiente. Tal vez hoy era el día en que Heero le pediría que se fuera; quizá aceptaría alguna propuesta de Relena, o tal vez simplemente estaba harto del desorden que Duo solía dejar en el baño después de lavarse el cabello.
Mil pensamientos lo atormentaron. Al regresar a L2 ya se imaginaba lo peor: había cancelado el arriendo de su propio departamento, pero supuso que podría quedarse unos días con Wufei hasta encontrar otro lugar; a Sally seguramente no le importaría.
Cuando finalmente llegó al departamento y entró, lo primero que notó —o mejor dicho, lo que no vio— fueron las cajas con sus pertenencias. El vacío en el rincón donde solían estar le heló la sangre.
—No sentí cuando llegaste. —Heero salió de la pequeña habitación que no solían utilizar—. ¿Cómo te fue en L3? —preguntó, acercándose para darle un suave beso en la frente.
—Bien... nada fuera de lo común —respondió Duo, con el corazón latiéndole con fuerza en la garganta—. Heero, ¿dónde están mis cosas?
—De eso es de lo que tenemos que hablar.
"Es mi fin", pensó Duo, preparándose para el golpe.
—Llevamos poco más de tres meses viviendo juntos y tus cosas seguían en cajas, como si no quisieras instalarte definitivamente aquí, conmigo —comenzó Heero tras una breve pausa—. Sé que este lugar es pequeño; tu departamento era más grande y tienes muchas más cosas que yo... ¿Es que aún no estás seguro de lo que siento?
Duo se quedó de piedra. El aire regresó a sus pulmones de golpe.
—¿Qué? ¡Claro que no, Heero! Siento cosas por ti desde que éramos adolescentes y este tiempo a tu lado ha sido como un sueño. Diablos... soy yo el que ha dudado de sí mismo. Creí que te estaba molestando. Heero, yo te amo, y mi temor más grande era que te arrepintieras de estar conmigo. Creo que por eso no terminaba de instalarme...
Heero atrajo a Duo hacia sí, envolviéndolo en un abrazo firme.
—Jamás me arrepentiré de estar con la persona más importante de mi vida —le respondió Heero al oído—. Por eso desempaqué tus cosas. Las instalé en el cuarto vacío; así tendrás un poco de privacidad para tus asuntos cuando te canses de mí.
—Nunca me cansaré de ti —susurró Duo, relajándose por fin en sus brazos—, y menos ahora que sé cuánto te importo. Porque tú eres todo para mí, Heero.