cap 2 DUO
—¡Heero! —grité por la radio, pero solo recibí estática y el chasquido sordo de los circuitos muriendo.
Maldije entre dientes mientras enganchaba los cables de remolque del Deathscythe al fuselaje del Wing.
Las lecturas de mi radar eran un desastre, la explosión de mi pequeña batalla con el escuadrón de Oz había dejado un rastro de firmas térmicas que atraería a medio ejército en menos de diez minutos, si nos quedábamos en el campo abierto en este sector, seriamos blancos fáciles.
Puse los propulsores al mínimo para no echarle más leña al fuego de nuestro rastro térmico, arrastrando la masa inerte del Wing hacia una antigua estación de transmisión, ahí vislumbre una grieta lo suficientemente grande para entrar, la estación era un gigante dormido de metal retorcido y gastado con varias plataformas olvidadas desde la última gran guerra, pero sus escudos de radiación residual servían como un camuflaje perfecto para los sensores enemigos y sobre todo nos darían tiempo.
En cuanto nos ocultamos en las entrañas del complejo, forcé la escotilla de su cabina desde fuera, con toda mi fuerza, el olor a metal quemado, cables fundidos y sangre me golpeó de lleno, ahí estaba Heero, inconsciente sobre los controles deshechos, el cristal de su casco tenía una fisura horrible y su respiración era un silbido leve e irregular.
—Siempre tienes que hacer las cosas de la manera difícil, ¿verdad, socio? —murmuré, intentando que mi voz sonara tranquila para de alguna manera darme ánimos, aunque las manos me temblaban mientras desenganchaba su arnés.
Era alarmante lo ligero que se sentía, debajo de toda esa fachada impenetrable de soldado invencible y temperamento de hielo, Heero no era más que un chico de mi edad, un adolescente cualquiera con un cuerpo flaco cubierto de moratones y sangre fresca que se le pegaba a la camiseta verde.
Lo observé rápidamente tenía el costado derecho rígido por la fractura de costillas y la piel tan pálida que parecía de cera, lo cargue sobre mi hombro con cuidado para no empeorar sus lesiones, nos adentré en los pasillos de mantenimiento de la estación hasta encontrar un módulo de emergencia sellado, la luz de emergencia parpadeó con un tono rojizo cuando porfin logré reactivar la energía auxiliar.
Lo acosté sobre una plancha de metal frío, me saque mi chaqueta para usarla como almohada improvisada enrollandola para elevar su cabeza, Heero soltó un quejido sordo cuando le retiré el casco y le abrí el chaleco táctico, la quemadura en su hombro era fea, pero la verdadera amenaza era su respiración, conocía lo suficiente de heridas como para saber que su pulmón estaba por colapsar en cualquier momento.
—Quédate conmigo, Heero —dije, sacando el botiquín de primeros auxilios del Deathscythe que traje conmigo— No arriesgué mi culo contra esos tres Aries para que te mueras desangrado en una cueva de chatarra a mitad de la nada.
De pronto, sus dedos fríos, manchados de una mezcla hollín y sangre me atraparon la muñeca con una fuerza sorprendente para su estado, sus ojos se abrieron de golpe, desorbitados, fijos en el techo pero sin ver nada realmente.
—El sistema... —susurró con un hilo de voz rasposa casi metalica, la mirada perdida en un trance casi violento— El sistema no se desconecta... Duo... hay que apagarlo ... destruirlo...
Su agarre apretó con una desesperación que jamás le había visto, el no estaba hablando de la nave, estaba reviviendo las atroces visiones del Sistema Zero.
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