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20 jul 2026

Día 20 : amar

 La noche en la colonia era profunda, pero dentro del departamento, el aire era cálido y vibraba con una tensión eléctrica y suave a la vez. No era la urgencia de quien teme morir mañana, sino la devoción de quien sabe que tiene toda una vida por delante.

Heero observaba a Duo desde el umbral de la habitación, el castaño se estaba desatando su trenza, un ritual que Heero siempre encontraba hipnótico y de cierta manera para él, hasta sensual.

Al notar su presencia, Duo dejó caer el cabello sobre sus hombros y le dedicó una sonrisa cargada de una picardia que solo Heero conocía.

—Misión cumplida, ¿no? —susurró Duo, refiriéndose a la paz que finalmente los rodeaba y por el maravilloso día que había pasado junto a su soldado perfecto.

Heero no respondió con palabras. Se acercó a él con pasos lentos, acortando la distancia hasta que pudo sentir el calor que emanaba del cuerpo de Duo. 

Sus manos, marcadas por cicatrices de mil batallas, subieron hasta el rostro de Duo, acunándolo con una delicadeza que desafiaba su naturaleza de soldado.

—Tú eres mi única misión ahora —respondió Heero con voz ronca.

El primer beso fue una exploración lenta, un recorrido de territorio sagrado, Duo entrelazó sus dedos en la nuca de Heero, profundizando el beso que este le daba, volviéndose una conversación sin palabras sobre el miedo que habían dejado atrás y el amor que los sostenía.

Se movieron hacia la cama con una sincronía perfecta, cada prenda caía sin apuro anticipando el deleite que tendrían, en la penumbra, sus cuerpos eran un mapa de su historia compartida, cicatrices que se encontraban y se reconocían, marcas de un pasado que ya no dolía porque ahora estaban cubiertas por caricias y besos dándoles un nuevo significado.

Heero subió sobre él como una pantera acechando a su presa, Duo abrió los ojos, buscándolo en la oscuridad sus miradas se cruzaron cargadas no solo de un deseo inmenso, sino también de amor.

—Heero... —jadeó Duo cuando sintió el peso y el calor de su compañero listo para deborarlo.

El mayor bajó besando el cuerpo de su adoración hasta llegar a su hombría que palpitaba por la necesidad de atenciones que no se hicieron esperar, introduciendo en su boca, la espalda de Duo se arqueó al instante, disfrutando de cada acaricia, de pronto y sin aviso, pudo sentir en su interior como dos dedos lo exploraban preparándolo para lo que se avecinaba .

Heero se separó de Duo por un instante para alcanzar su buró para sacar de el un líquido transparente y espeso con el cual lubricó su propio miembro y la entrada de su amado.

_está frío _ le susurró Duo con la voz entre cortada por la exitación 

_ no durará mucho así... _ le respondió volviendo a besarlo como si sus labios fueran la única agua del desierto.

Heero se movía con una intensidad controlada, deleitándose con cada espasmo del cuerpo contrario, susurrando el nombre de Duo contra su cuello, como una plegaria para el Dios de la muerte,  mientras Duo se aferraba a la espalda de Heero como si fuera su única ancla en el universo entero.

Con un ritmo delicadamente intenso, una marea de sensaciones los inundó arrastrándolos lejos de toda realidad, ambos alcanzaron el éxtasis  sin gritos de batalla, solo suspiros compartidos y una unión tan profunda que por un instante dejaron de ser dos individuos para convertirse en una sola alma...

Heero se quedó recostado al lado de Duo, abrazándolo con su brazo por la cintura, el menor apoyó la cabeza en su pecho, escuchando el latido del corazón de Heero, que finalmente latía al mismo compás que el suyo.

—Te amo, Heero —murmuró Duo, ya con los ojos pesados por el cansancio de un día feliz.

Heero besó la frente de éste y lo apretó más contra sí.

—Y yo a ti, Duo, siempre, serás solo tú 

En el silencio de la noche, rodeados por el eco de su entrega, ambos entendieron que ese era el verdadero significado de la victoria: haber encontrado un refugio donde el amor era la única ley y la piel de otro, su único hogar.