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Día 22: traición
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Día 19 : sanar
18 jul 2026
Día 18 : disculpa
Disculpa
Para Trowa Barton, las palabras siempre habían sido como munición, debían usarse con moderación y solo cuando el objetivo fuera claro, sin embargo, había una palabra que se le quedaba atascada en la garganta como un mecanismo encasquillado, la disculpa.
Habían pasado semanas desde que el incidente con el sistema ZERO de Quatre quedó en el pasado, pero el silencio de Trowa se había vuelto más denso, no era por falta de afecto, sino por una culpa silenciosa que le carcomía. él se culpaba por no haber llegado antes para evitar que el alma de Quatre se fragmentara bajo el peso del odio.
Una noche, mientras Quatre afinaba su violín en el salón iluminado por la luz de las estrellas, Trowa se quedó observándolo desde las sombras del pasillo.
—Sé que estás ahí, Trowa —dijo Quatre suavemente, sin dejar su tarea—. Puedo sentir tu tristeza... es... abrumadora, necesitas hablar de algo ?
Trowa dio un paso al frente. Sus manos, que podían ensamblar un rifle en la oscuridad total, temblaron apenas un milímetro.
—Quatre —comenzó, su voz más baja de lo habitual—. Nunca te ofrecí una disculpa.
Quatre dejó el arco sobre la mesa y se giró, confundido.
—¿Una disculpa ... por qué? Tú me salvaste Trowa, arriesgaste tu vida para traerme de vuelta cuando yo estaba perdido en la oscuridad de mi propia locura.
—Precisamente por eso —respondió Trowa, acercándose hasta quedar frente a él—. Me pido una disculpa a mí mismo por haber permitido que llegaras a ese punto y te la pido a ti por no haber sido la paz que necesitabas antes de que estallaras. Como soldado, fallé en proteger lo más valioso que tenía, y en ese momento aún no aceptaba... a ti.
Quatre se puso de pie, conmovido por la honestidad brutal de aquel hombre que rara vez mostraba lo que había en su interior. Tomó las manos de Trowa llevándolas hasta su propio corazón.
—Una disculpa no es necesaria cuando hubo amor en cada una de tus acciones aunque en ese momento aún no lo sabías —murmuró Quatre—. El dolor que pasamos no fue tu culpa, fue el precio que debimos pagar por la libertad... No cargues con el perdón de algo que ya fue sanado por tu amor, por nuestro amor.
Trowa cerró los ojos, dejando que la tensión que había cargado en sus hombros durante meses finalmente se disolviera. Aceptar que no podía controlarlo todo, incluso el dolor de la persona que amaba, era su última lección.
—Aun así —insistió Trowa, abriendo los ojos para mirar a Quatre con una devoción absoluta—, quería que lo escucharas, no como un informe, más bien como una persona cualquiera lo siento, Quatre.
Quatre sonrió y en ese momento, la disculpa dejó de ser una carga para convertirse en el puente final hacia una paz sin fisuras, se abrazaron en medio de la habitación, entendiendo que, a veces, pedir perdón no es admitir una derrota, liberar el corazón para que pueda seguir amando sin sombras.
17 jul 2026
dia 17 odio
Odio
En la
quietud de su hogar actual, Quatre solía tocar su violín para alejar los
fantasmas del pasado, pero esa noche, sus dedos se detuvieron sobre las
cuerdas al ver a Trowa limpiar sus
cuchillos de combate por pura inercia.
El silencio
entre ellos no era el habitual de paz, estaba cargado con el peso de un
recuerdo compartido que ambos evitaban, la época en que el odio era su único
motor.
—¿Todavía
lo sientes, Trowa? —preguntó Quatre, su voz apenas un susurro que rompió la
tensión de la sala.
Trowa dejó
el cuchillo sobre el paño blanco, no necesitó preguntar a qué se refería, sus
mentes estaban conectadas por una red de batallas y tragedias que nadie más
podía entender.
—El odio no
desaparece, Quatre. Solo se entierra —respondió Trowa con su característica
frialdad, aunque sus ojos buscaban los del rubio—. Recuerdo el día que
destruiste aquella colonia con el sistema ZERO. Sentí un odio profundo... no
hacia ti, sino hacia el universo que obligó a alguien tan puro a convertirse en
un monstruo.
Quatre bajó
la mirada hacia sus manos, aún podía sentir el eco de la locura que lo invadió
cuando su padre murió, en aquel entonces, el odio lo cegó, una fuerza
destructiva que lo llevó a apretar el gatillo contra todo lo que amaba.
—Yo odiaba
todo —confesó Quatre, con una lágrima traicionera surcando su mejilla—. Odiaba
la guerra, odiaba a la Alianza, y por un momento, me odié a mí mismo tanto que
quería que el espacio se tragara mi existencia...el odio era lo único que me
mantenía despierto, lo único que me daba fuerzas para seguir pilotando.
Trowa se
levantó y caminó hacia la ventana donde el rubio se encontraba , puso una mano
sobre el hombro de Quatre, sintiendo el leve temblor del joven.
—Ese odio
casi nos destruye a ambos —dijo Trowa, obligando a Quatre a soltar su violín
para abrazarlo—. Pero fue ese mismo sentimiento el que nos hizo reconocer el
vacío en el otro, aprendimos que el odio es un fuego que consume al que lo
porta, y que la única forma de apagarlo era dejar que alguien más compartiera
la carga.
Quatre
hundió el rostro en el pecho de Trowa, aferrándose a su suéter recordó el
momento en la guerra en que Trowa se interpuso en su camino para detener su
locura, arriesgando su propia vida, fue el sacrificio de Trowa lo que
transformó el odio de Quatre en un dolor sanador que finalmente se transformó en amor.
—A veces
temo que el mundo vuelva a darnos razones para odiar —murmuró Quatre contra su
pecho.
Trowa lo
apretó con más fuerza, su mirada fija en el horizonte estrellado tras la ventana.
—Si el
mundo nos devuelve al odio, lo enfrentaremos juntos —sentenció Trowa—. Porque
ahora sé que incluso en medio del odio más puro, existe la posibilidad de
encontrar un refugio... Tú eres mi refugio, Quatre.
El violín
permaneció en silencio el resto de la noche, el odio seguía ahí, en las
cicatrices de sus cuerpos y en las sombras de sus memorias, pero ya no tenía
poder sobre ellos.
Habían convertido las cenizas de su pasado en los cimientos de un futuro donde el único sentimiento que reinaba era la gratitud de haber sobrevivido a sí mismos.