26 jul 2026

día 27 sangre

El aire en la propiedad de la familia Winner siempre había sido ligero, pero esa noche se sentía denso, cargado de un rastro metálico que solo aquellos que han estado en el combate pueden reconocer, como una premonición de lo que se avecinaba para ellos.

Quatre estaba de pie en el gran salón, observando el retrato de su padre, sentía un calor punzante en sus sienes, un ritmo desbocado que le recordaba que él era el último de su linaje y por ende el encargado de proteger a su familia.

-¿Sientes eso, Trowa? -preguntó Quatre, pasando un dedo por el borde de una delicada copa de cristal.

Trowa, que revisaba el perímetro desde la sombra de los ventanales, no se movió, su atención estaba dividida entre los sensores de movimiento y el pulso visible en el cuello de Quatre. Para Trowa, la vida siempre se había reducido a eso, asegurar que ese flujo constante bajo la piel de Quatre no se detuviera nunca más.

-Es el peso de lo que heredamos -respondió Trowa, su voz apenas un roce en el aire-. La Alianza cree que puede borrar lo que somos simplemente cortando la conexión con el pasado, pero lo que llevamos dentro no se borra con decretos.

Quatre apretó los puños, de pronto recordó el desierto, los gritos de sus hermanas y la calidez roja que empapó la arena cuando su padre cayó, no era solo un recuerdo era una presencia vibrante que reclamaba justicia.

El gobierno no solo quería sus Gundams, querían tambien extinguir la llama que corría por sus venas, la misma que los hacía peligrosos porque no podían controlarla.

-Quieren que nos convirtamos en estatuas frías -murmuró Quatre, sintiendo una gota de sudor recorrer su espalda, tan caliente como una herida abierta- pero mientras este motor interno siga funcionando, no podrán atraparnos 

Trowa se acercó y puso una mano sobre el pecho de Quatre. 
Bajo la palma de su mano, sintió la vida golpeando con fuerza, una maquinaria biológica perfecta y apasionada, esa era la verdadera amenaza para la Alianza, no el metal de sus máquinas, sino la voluntad indomable que se transmitía de generación en generación, ese vínculo invisible que era más espeso que el agua y más fuerte que la traición.

-Si vienen por nosotros -dijo Trowa, sus ojos brillando con una determinación gélida-, descubrirán que lo que fluye en nosotros no es agua. Descubrirán que el color de nuestra resistencia es algo que no se puede lavar.

Quatre asintió, sintiendo cómo el miedo se transformaba en una resolución ardiente. No era solo por ellos; era por todos los que habían caído para que ellos pudieran estar ahí. 

La atmósfera en la habitación cambió ya no era un refugio, era un santuario donde la vida se preparaba para defenderse con uñas y dientes, lista para dejar su huella en el suelo antes de rendirse.


No hay comentarios: