23 jul 2026

Día 24: suerte

 El zumbido del dron de reconocimiento se detuvo justo sobre sus cabezas, proyectando una luz roja que barrió el pasillo de metal. Heero y Duo contuvieron el aliento, pegados el uno al otro contra la pared húmeda. El sensor de movimiento pasó a escasos centímetros de las botas de Duo, Un segundo más, un ángulo ligeramente distinto, y el escuadrón de asalto habría tenido sus coordenadas exactas.

Pero el sensor giró en la dirección opuesta, atraído por el estallido de una tubería de vapor que reventó por la presión en el extremo lejano del túnel. El dron se alejó, siguiendo el rastro de calor equivocado.

-No puede ser... -susurró Duo, con el corazón golpeándole las costillas. No había lógica en que esa válvula fallara justo en ese instante, pero el destino les había regalado un suspiro de tiempo.

Siguieron avanzando por las entrañas de la colonia, moviéndose por puro instinto. Llegaron a un hangar de carga que, según los mapas de Heero, debería haber estado sellado por el protocolo de seguridad. Sin embargo, al deslizar la mano por el panel, la puerta se abrió con un gemido hidráulico. Alguien había olvidado activar el cierre manual durante el último turno de mantenimiento; un error humano, una negligencia estadística que en cualquier otro momento sería irrelevante, pero que ahora significaba la diferencia entre la captura y la libertad.

Dentro, entre hileras de naves de transporte masivo, brillaba una pequeña lanzadera civil de corto alcance. Tenía los motores en precalentamiento, como si alguien la hubiera dejado lista para un viaje que nunca ocurrió.

-Heero, mira las llaves... están en la consola de encendido -Duo soltó una risa nerviosa, casi incrédula. Sus dedos volaron sobre los controles-. Si esto fuera una película, diría que la guionista nos quiere vivos.( La fanficker amor )

Heero no sonrió, pero sus hombros se relajaron un milímetro. Sabía que las probabilidades de encontrar una nave abierta, con combustible y con los sensores de vigilancia fuera de línea debido a una interferencia solar imprevista en el sector, eran de una entre un millón. El universo, que tantas veces les había dado la espalda, parecía estar sosteniéndoles la mano en medio del caos.

-No hagas preguntas, Duo. Solo vuela -ordenó Heero, ocupando el asiento del copiloto mientras los sistemas de la nave cobraban vida con un ronroneo suave.

La esclusa exterior del hangar se abrió lentamente. Fuera, los cazas de la Alianza patrullaban el vacío, pero una densa nube de escombros espaciales proveniente de un satélite antiguo desintegrado les proporcionaba el camuflaje perfecto para deslizarse hacia la oscuridad del espacio profundo.

Era como si las estrellas mismas hubieran decidido alinearse para protegerlos. Escaparon al vacío sin que un solo disparo fuera efectuado en su dirección, dejando atrás el encierro para adentrarse en la incertidumbre, pero con la extraña certeza de que, al menos por hoy, los dados habían rodado a su favor.

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