7 jul 2026

DIA 7

 Heero deseaba con todas sus fuerzas que el tiempo en el hospital pasara rápido para poder regresar a casa. Detestaba ver cómo las enfermeras y el personal de salud miraban a Duo con intenciones de ligar o le coqueteaban sin disimulo alguno. Para su colmo, el trenzado parecía no notar aquellas "atenciones", como el hecho de que lo dejaran entrar antes del horario de visitas o permitieran que se quedara mucho después de que este terminara.

​Sobre todo, detestaba a una enfermera pelirroja de curvas pronunciadas que le sonreía a Duo descaradamente. Heero no podía evitar imaginar distintas formas de acabar con ella utilizando cualquier objeto que tuviera al alcance de la mano; su mente de soldado a veces era más fuerte que él mismo cuando detectaba una amenaza. ¿Amenaza? Era solo una enfermera. ¿Por qué su mente la procesaba así? En ese momento, algo en su interior hizo "click" y la palabra celos lo invadió por completo. Era una emoción nueva que jamás pensó experimentar.

​Si sentía celos, ¿significaba que sus sentimientos no eran lo suficientemente maduros, o tal vez eran inseguridades propias? Él podía darle a Duo el mundo entero si este se lo pidiera, pero no podía darle hijos. A su amado trenzado le encantaban los niños; siempre jugaba con los hijos de sus compañeras en la oficina o con las sobrinas de Quatre. Los niños lo amaban, y Heero, en el fondo, sentía que eso era lo único que faltaba para completar su pequeña familia.

​Escuchó ruidos en el pasillo y cerró los ojos. Era más fácil fingir que dormía que enfrentar esos sentimientos recién descubiertos. Por los pasos ligeros y las risas, supo enseguida que era Duo; podía escuchar a través de la puerta que conversaba animadamente con alguien, seguramente la enfermera pelirroja.

​-Buenas tardes, señor Maxwell. Qué alegría verlo por aquí -saludó la mujer.

​-Hola, linda. Sí, traía algunas cosas para Heero. Mañana le dan el alta y no quiero que salga con la bata del hospital -respondió Duo con su habitual carisma.

​-Se ve que son muy amigos. Son tan distintos... El señor Yuy es muy reservado; a veces dudamos de que sepa hablar, solo usa monosílabos.

​-Oh, sí que habla. Y tiene una voz hermosa -le soltó Duo, guiñándole un ojo antes de entrar a la habitación.

​El cuarto era amplio, blanco y con ese penetrante olor a desinfectante. Duo caminó hacia la cama de Heero, se dejó caer en una silla y apoyó los pies sobre el colchón, cerca de las piernas del mayor.

​-Te haces el dormido para escuchar mis conversaciones -dijo Duo con una sonrisa; sabía perfectamente cuándo Heero dormía de verdad.

​-No me hago el dormido -respondió Heero sin abrir los ojos-. Pude escuchar todo tu ruido desde que entraste al piso. Tus risas con la enfermera se oían hasta aquí.

​-Vaya, el "soldado perfecto" todo lo sabe y todo lo ve. Estar encerrado te está poniendo de mal genio, más de lo normal.

​-No soy un soldado perfecto. Mi debilidad más grande es el amor que siento por ti, y eso me hace una persona común, como cualquier otra.

​Duo se quedó en silencio, casi en shock. Era extraño y conmovedor escuchar a Heero hablar de sus sentimientos de forma tan abierta y espontánea.

​-¿Seguro que eres mi Heero Yuy? -preguntó Duo, mirándolo totalmente conmocionado-. Por un momento pensé que estabas celoso de la enfermera.

​-Sí... puede que lo esté.

​Heero se incorporó de la cama con una rapidez que hizo que Duo perdiera el equilibrio. Lo sujetó con firmeza por el brazo para evitar que cayera, atrayéndolo hacia su cuerpo.

​-Porque eres solo mío -sentenció Heero.

​Sin darle tiempo a replicar, lo besó con posesividad, sujetando su nuca con la mano libre para no dejarlo escapar.

​Sin darle tiempo a replicar, lo besó con posesividad, sujetando su nuca con la mano libre para no dejarlo escapar


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