Envidia
Para Heero,
el tiempo siempre había sido una magnitud física, algo que se medía en segundos
para la detonación o en minutos para la llegada de un transbordador, pero los
días previos al cumpleaños de Duo, el tiempo se transformó en un veneno lento.
Sus jefes
habían asignado a Duo y a Wufei una misión de reconocimiento en los niveles
inferiores en L5.
Requería
horas de preparación técnica, simulacros de infiltración y turnos de vigilancia
que se extendían hasta la madrugada. Mientras Heero se quedaba en el
departamento, un sentimiento amargo comenzaba a corroer su disciplina.
Era envidia.
No era
envidia por la misión en sí -Heero había realizado cientos de ellas-, sino por
la proximidad. Wufei tenía acceso al tiempo de Duo, a sus bromas constantes
bajo la presión del trabajo, incluso a sus quejas constantes por cualquier
cosa.
Una tarde,
mientras Heero revisaba unos informes de balística, vio a los dos regresar, venían discutiendo, como siempre, Wufei con su semblante severo y Duo moviendo
las manos con entusiasmo, rozando accidentalmente el hombro del piloto del Altron
mientras reía.
Heero apretó
el bolígrafo con tanta fuerza que el plástico crujió.
-Llegas
tarde -dijo Heero cuando Duo finalmente entró al departamento, dos horas
después de lo previsto. Su voz sonó más fría de lo que pretendía, un mecanismo
de defensa automático.
-¡Lo siento,
Heero! Wufei es un perfeccionista insufrible. Nos hizo repetir el protocolo de
cierre tres veces porque decía que mi técnica era "descuidada" -Duo
se dejó caer en el sofá, exhausto- Mañana tenemos que estar en el hangar a las seis
de la mañana .
Heero no
respondió de inmediato. La imagen de Wufei y Duo compartiendo esas horas de
soledad profesional le provocaba una punzada de irritación.
Él debería
estar allí. Él debería ser quien escuchara las quejas de Duo sobre los
protocolos.
-Wufei es
eficiente -logró decir Heero - Pero podrías haber solicitado un relevo de
trabajo por motivos de descanso.
Duo lo miró
con curiosidad, una pequeña sonrisa formándose en sus labios.
-Vaya... ¿el
soldado perfecto está sugiriendo que me salte el reglamento? ¿O es que extrañas
a tu compañero de piso?
Heero desvió
la mirada hacia la ventana. No podía admitir que sentía envidia de la libertad
de Wufei para estar cerca de él sin tener que esconderse tras una "misión
secreta" de cumpleaños. Se sentía estúpido compitiendo por la atención de
Duo con uno de sus camaradas más antiguos, pero el sentimiento estaba ahí,
palpitando bajo su piel.
-Solo me
aseguro de que estés en condiciones óptimas para... tus deberes -mintió Heero.
Duo se
levantó y se acercó a él, rodeando su cuello con los brazos por la espalda.
-Tranquilo,
Heero. Wufei es solo un bloque de hielo con un manual de justicia bajo el
brazo. Tú eres el único que me quita el sueño -le susurró al oído, besando su
mejilla.
Ese pequeño
gesto calmó el incendio de la envidia por un momento, pero Heero sabía que
tendría que soportar un día más de esa separación forzada.
Mientras Duo
se iba a duchar, Heero volvió a sus notas de cumpleaños. Si Wufei tenía el
tiempo de Duo ahora, Heero se aseguraría de que el futuro, empezando por su día
especial, le perteneciera solo a ellos dos.
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