
Unete a mi fortaleza
16 ago 2026
Volver a amar cap10

31 jul 2026
día 31 felicidad
29 jul 2026
día 30 secreto
día 29 muerte
27 jul 2026
dia 28 impulso
26 jul 2026
día 27 sangre
25 jul 2026
día 26 sueño
24 jul 2026
Día 25: redención
23 jul 2026
Día 24: suerte
22 jul 2026
Día 23: desesperación
Día 22: traición
Día 21: pérdida
20 jul 2026
Día 20 : amar
19 jul 2026
Día 19 : sanar
18 jul 2026
Día 18 : disculpa
Disculpa
Para Trowa Barton, las palabras siempre habían sido como munición, debían usarse con moderación y solo cuando el objetivo fuera claro, sin embargo, había una palabra que se le quedaba atascada en la garganta como un mecanismo encasquillado, la disculpa.
Habían pasado semanas desde que el incidente con el sistema ZERO de Quatre quedó en el pasado, pero el silencio de Trowa se había vuelto más denso, no era por falta de afecto, sino por una culpa silenciosa que le carcomía. él se culpaba por no haber llegado antes para evitar que el alma de Quatre se fragmentara bajo el peso del odio.
Una noche, mientras Quatre afinaba su violín en el salón iluminado por la luz de las estrellas, Trowa se quedó observándolo desde las sombras del pasillo.
—Sé que estás ahí, Trowa —dijo Quatre suavemente, sin dejar su tarea—. Puedo sentir tu tristeza... es... abrumadora, necesitas hablar de algo ?
Trowa dio un paso al frente. Sus manos, que podían ensamblar un rifle en la oscuridad total, temblaron apenas un milímetro.
—Quatre —comenzó, su voz más baja de lo habitual—. Nunca te ofrecí una disculpa.
Quatre dejó el arco sobre la mesa y se giró, confundido.
—¿Una disculpa ... por qué? Tú me salvaste Trowa, arriesgaste tu vida para traerme de vuelta cuando yo estaba perdido en la oscuridad de mi propia locura.
—Precisamente por eso —respondió Trowa, acercándose hasta quedar frente a él—. Me pido una disculpa a mí mismo por haber permitido que llegaras a ese punto y te la pido a ti por no haber sido la paz que necesitabas antes de que estallaras. Como soldado, fallé en proteger lo más valioso que tenía, y en ese momento aún no aceptaba... a ti.
Quatre se puso de pie, conmovido por la honestidad brutal de aquel hombre que rara vez mostraba lo que había en su interior. Tomó las manos de Trowa llevándolas hasta su propio corazón.
—Una disculpa no es necesaria cuando hubo amor en cada una de tus acciones aunque en ese momento aún no lo sabías —murmuró Quatre—. El dolor que pasamos no fue tu culpa, fue el precio que debimos pagar por la libertad... No cargues con el perdón de algo que ya fue sanado por tu amor, por nuestro amor.
Trowa cerró los ojos, dejando que la tensión que había cargado en sus hombros durante meses finalmente se disolviera. Aceptar que no podía controlarlo todo, incluso el dolor de la persona que amaba, era su última lección.
—Aun así —insistió Trowa, abriendo los ojos para mirar a Quatre con una devoción absoluta—, quería que lo escucharas, no como un informe, más bien como una persona cualquiera lo siento, Quatre.
Quatre sonrió y en ese momento, la disculpa dejó de ser una carga para convertirse en el puente final hacia una paz sin fisuras, se abrazaron en medio de la habitación, entendiendo que, a veces, pedir perdón no es admitir una derrota, liberar el corazón para que pueda seguir amando sin sombras.
17 jul 2026
dia 17 odio
Odio
En la
quietud de su hogar actual, Quatre solía tocar su violín para alejar los
fantasmas del pasado, pero esa noche, sus dedos se detuvieron sobre las
cuerdas al ver a Trowa limpiar sus
cuchillos de combate por pura inercia.
El silencio
entre ellos no era el habitual de paz, estaba cargado con el peso de un
recuerdo compartido que ambos evitaban, la época en que el odio era su único
motor.
—¿Todavía
lo sientes, Trowa? —preguntó Quatre, su voz apenas un susurro que rompió la
tensión de la sala.
Trowa dejó
el cuchillo sobre el paño blanco, no necesitó preguntar a qué se refería, sus
mentes estaban conectadas por una red de batallas y tragedias que nadie más
podía entender.
—El odio no
desaparece, Quatre. Solo se entierra —respondió Trowa con su característica
frialdad, aunque sus ojos buscaban los del rubio—. Recuerdo el día que
destruiste aquella colonia con el sistema ZERO. Sentí un odio profundo... no
hacia ti, sino hacia el universo que obligó a alguien tan puro a convertirse en
un monstruo.
Quatre bajó
la mirada hacia sus manos, aún podía sentir el eco de la locura que lo invadió
cuando su padre murió, en aquel entonces, el odio lo cegó, una fuerza
destructiva que lo llevó a apretar el gatillo contra todo lo que amaba.
—Yo odiaba
todo —confesó Quatre, con una lágrima traicionera surcando su mejilla—. Odiaba
la guerra, odiaba a la Alianza, y por un momento, me odié a mí mismo tanto que
quería que el espacio se tragara mi existencia...el odio era lo único que me
mantenía despierto, lo único que me daba fuerzas para seguir pilotando.
Trowa se
levantó y caminó hacia la ventana donde el rubio se encontraba , puso una mano
sobre el hombro de Quatre, sintiendo el leve temblor del joven.
—Ese odio
casi nos destruye a ambos —dijo Trowa, obligando a Quatre a soltar su violín
para abrazarlo—. Pero fue ese mismo sentimiento el que nos hizo reconocer el
vacío en el otro, aprendimos que el odio es un fuego que consume al que lo
porta, y que la única forma de apagarlo era dejar que alguien más compartiera
la carga.
Quatre
hundió el rostro en el pecho de Trowa, aferrándose a su suéter recordó el
momento en la guerra en que Trowa se interpuso en su camino para detener su
locura, arriesgando su propia vida, fue el sacrificio de Trowa lo que
transformó el odio de Quatre en un dolor sanador que finalmente se transformó en amor.
—A veces
temo que el mundo vuelva a darnos razones para odiar —murmuró Quatre contra su
pecho.
Trowa lo
apretó con más fuerza, su mirada fija en el horizonte estrellado tras la ventana.
—Si el
mundo nos devuelve al odio, lo enfrentaremos juntos —sentenció Trowa—. Porque
ahora sé que incluso en medio del odio más puro, existe la posibilidad de
encontrar un refugio... Tú eres mi refugio, Quatre.
El violín
permaneció en silencio el resto de la noche, el odio seguía ahí, en las
cicatrices de sus cuerpos y en las sombras de sus memorias, pero ya no tenía
poder sobre ellos.
Habían convertido las cenizas de su pasado en los cimientos de un futuro donde el único sentimiento que reinaba era la gratitud de haber sobrevivido a sí mismos.
16 jul 2026
dia 16 objetivo
Obejetivo
La mañana del cumpleaños comenzó con una precisión que solo Heero Yuy podría ejecutar, la luz artificial de la colonia se filtraba suavemente por la ventana, Heero ya estaba despierto, no hubo alarmas ruidosas, solo el aroma de unos panqueques recién hechos y el café favorito de Duo invadiendo la habitación.
—Feliz cumpleaños, Duo —susurró Heero cuando el castaño comenzó a estirarse, desorientado.
Duo abrió los ojos y, al ver la bandeja de desayuno y la expresión extrañamente suave de Heero, soltó una carcajada llena de deleite.
—¿Heero? ¿Tú cocinando sin que nada haya explotado? Definitivamente es un milagro de cumpleaños —bromeó Duo, sentándose de un salto.
Pero eso era solo el inicio, durante el resto del día, Heero guió a Duo a través de una serie de eventos que parecían casuales pero estaban fríamente cronometrados, visitaron el parque botánico de la colonia cuando la luz era perfecta, almorzaron en ese pequeño restaurante italiano que Duo siempre miraba de lejos y no hubo ni rastro de Wufei o misiones de último minuto.
Heero había "neutralizado" cualquier distracción externa con días de antelación.
Al caer la noche, Heero llevó a Duo al pequeño almacén secreto que había alquilado cerca del puerto espacial.
—Heero, si esto es una trampa de entrenamiento, juro que voy a... —Duo se interrumpió al entrar.
El lugar estaba decorado con una sencillez elegante, iluminado por luces cálidas que daban un encanto especial al frío metal, en el centro, había una mesa para dos con los platos que Heero había aprendido a preparar en secreto, pero el verdadero regalo estaba al fondo, cubierto por una lona.
Heero retiro la lona y debajo descansaba una motocicleta antigua, restaurada a mano por él mismo, no era una máquina de guerra, sino un vehículo diseñado para la libertad,
Duo se quedó sin palabras, sus dedos recorrieron el metal pulido, sintiendo el esfuerzo que Heero había puesto en cada tornillo.
—Heero... esto es... no tengo palabras —susurró Duo, lanzándose a sus brazos.
Heero lo sostuvo con fuerza, sintiendo el latido acelerado de Duo contra su pecho.
En su mente, una pantalla imaginaria repasó los parámetros de la misión:
*Bienestar del sujeto: Óptimo.
*Sorpresa: Ejecutada con éxito.
*Vínculo emocional: Reforzado.
Mientras Duo lo besaba con una pasión renovada, Heero cerró los ojos y, por primera vez en su vida, se permitió sentir una satisfacción que no venía de una batalla ganada, sino de una vida compartida.
*Objetivo de la misión: Cumplido al 100%.
15 jul 2026
día 15 encantó
14 jul 2026
dia 14 daño
Daño
Hubo un
tiempo en que la palabra daño no era una abstracción emocional para Heero y
Duo, era más bien una medida estadística. En la cabina del Wing y del
Deathscythe, el daño se calculaba en porcentajes de blindaje perdido, en litros
de combustible derramado, pero el daño más profundo era el que no aparecía en
los monitores.
Sucedió
después de una de sus incontables batallas, Duo había regresado a la base
secreta con el hombro dislocado y la mirada inusualmente apagada. Heero lo
encontró en el hangar, intentando vendarse solo con manos temblorosas.
-Déjame
-dijo Heero, arrebatándole la venda con una brusquedad que ocultaba una
urgencia desesperada por ayudar.
-Es solo un
rasguño, Heero. He sufrido más daño cayéndome de un árbol de pequeño -intentó
bromear Duo, pero la risa se transformó en un gemido de dolor cuando Heero
aplicó presión.
Heero se
detuvo, sus ojos azules se clavaron en los de Duo en aquel entonces, Heero no
sabía cómo consolar, solo sabía como matar, para él, Duo era la única pieza de
ese mundo caótico que valía la pena mantener intacta lo más posible. verlo
herido le provocaba una sensación de cortocircuito interno que no sabía nombrar
o explicar.
-El daño
físico se cura -sentenció Heero, su voz vibrando con una intensidad contenida-
pero te estás rompiendo por dentro. Duo, tu tasa de error en combate ha subido
un 15%, estás dejando que la guerra te haga un daño que no puedo reparar con
herramientas.
Duo bajó la
cabeza, dejando que su larga trenza despeinada cayera sobre su hombro.
-¿Y tú no,
Heero? Te tratas como si fueras una máquina desechable. Te lanzas al peligro
como si no importara cuánto daño reciba tu cuerpo, me aterra que un día te
rompas tanto que no quede nada de ti para que yo pueda encontrarlo.
En ese
momento, en la penumbra del hangar, ambos comprendieron que se estaban haciendo
daño mutuamente de la forma más suave posible, preocupándose el uno por el otro
en un mundo que les exigía ser despiadados.
Cada herida
de Heero era un golpe al corazón de Duo, y cada lágrima contenida de Duo era un
fallo en el sistema operativo de Heero.
-Prométeme
algo -susurró Duo, rompiendo el silencio- prométeme que, si sobrevivimos a
esto, dejaremos de hacernos tanto daño, que buscaremos una vida donde las
cicatrices solo sean recuerdos, no heridas abiertas.
Heero no
prometió nada con palabras, pues los soldados no hacían promesas que el destino
podía romper. En su lugar, terminó de vendar a Duo con una delicadeza que
contradecía su entrenamiento, asegurándose de que cada nudo fuera firme.
Ese fue el
día en que Heero entendió que su misión no era solo ganar la guerra, sino
minimizar el daño en el alma del chico de la trenza. Años después, mientras
preparaba el regalo de cumpleaños de Duo, Heero todavía recordaba aquel hangar
y agradecía que, por fin, el único daño que existía entre ellos era el miedo
irracional a la ausencia, un dolor que solo el amor era capaz de sanar.
Encanto
Si Duo era
el estrépito de una tormenta y Heero el rayo que la cruzaba, Quatre y Trowa
eran la calma que quedaba después de la lluvia. En el apartamento de los
Winner, la palabra encanto no se usaba para describir algo superficial; era la
definición misma de su convivencia.
Trowa se
encontraba sentado frente al ventanal, observando las luces de la colonia con
esa expresión imperturbable que solía alejar a los extraños. Sin embargo,
cuando Quatre entró en la habitación llevando dos tazas de té, el rostro de
Trowa se suavizó de una manera casi imperceptible para cualquiera que no fuera
el joven de cabellos dorados.
-Te has
quedado absorto de nuevo, Trowa -dijo Quatre con una sonrisa suave, dejando el
té sobre la mesa.
Trowa lo
miró y, por un segundo, se permitió perderse en el encanto de los ojos azul
cielo de su compañero. Quatre tenía esa capacidad innata de suavizar los bordes
afilados del mundo de un soldado.
-Solo
pensaba en lo mucho que ha cambiado todo -respondió Trowa con su voz pausada-.
Hubo un tiempo en que el único encanto que encontraba en la vida era el riesgo
de una misión o la precisión de un disparo. Ahora...
Hizo una
pausa, extendiendo su mano para que Quatre la tomara. El contacto fue ligero,
pero cargado de una electricidad reconfortante.
-Ahora el
encanto reside en estas pequeñas cosas -continuó Trowa-. En el sonido de tu
violín por las mañanas, en la forma en que cuidas de todos nosotros, incluso
cuando no te lo pedimos. Tienes un encanto que me hace olvidar que alguna vez
fuimos armas de guerra.
Quatre se
sonrojó ligeramente, sentándose a su lado en el sofá. Para él, el encanto de
Trowa no residía en su misterio, sino en su gran lealtad . Trowa era un hombre
de pocas palabras, pero sus acciones lo decían todo.
-A veces me
asusta que este encanto se rompa -confesó Quatre, apoyando la cabeza en el
hombro del más alto-. Que el mundo exterior decida iniciar una nueva guerra
donde debamos actuar nuevamente.
Trowa pasó
un brazo alrededor de la cintura del rubio, atrayéndolo hacia sí.
-No dejaré
que pase, Quatre. Hemos luchado lo suficiente para ganar este derecho. El
encanto de nuestra paz es mi prioridad ahora. Si alguien intenta
arrebatárnoslo, descubrirán que el soldado que fui sigue aquí, solo que ahora
tiene una razón real para pelear.
Se quedaron
así, en un silencio cómodo que no necesitaba ser llenado, su relación no
necesitaba de grandes gestos ni de declaraciones ruidosas, se alimentaba de la
comprensión mutua, de la paz que solo
dos almas que han visto el horror pueden apreciar verdaderamente cuando
encuentran el amor.
13 jul 2026
dia 13 envidia
Envidia
Para Heero,
el tiempo siempre había sido una magnitud física, algo que se medía en segundos
para la detonación o en minutos para la llegada de un transbordador, pero los
días previos al cumpleaños de Duo, el tiempo se transformó en un veneno lento.
Sus jefes
habían asignado a Duo y a Wufei una misión de reconocimiento en los niveles
inferiores en L5.
Requería
horas de preparación técnica, simulacros de infiltración y turnos de vigilancia
que se extendían hasta la madrugada. Mientras Heero se quedaba en el
departamento, un sentimiento amargo comenzaba a corroer su disciplina.
Era envidia.
No era
envidia por la misión en sí -Heero había realizado cientos de ellas-, sino por
la proximidad. Wufei tenía acceso al tiempo de Duo, a sus bromas constantes
bajo la presión del trabajo, incluso a sus quejas constantes por cualquier
cosa.
Una tarde,
mientras Heero revisaba unos informes de balística, vio a los dos regresar, venían discutiendo, como siempre, Wufei con su semblante severo y Duo moviendo
las manos con entusiasmo, rozando accidentalmente el hombro del piloto del Altron
mientras reía.
Heero apretó
el bolígrafo con tanta fuerza que el plástico crujió.
-Llegas
tarde -dijo Heero cuando Duo finalmente entró al departamento, dos horas
después de lo previsto. Su voz sonó más fría de lo que pretendía, un mecanismo
de defensa automático.
-¡Lo siento,
Heero! Wufei es un perfeccionista insufrible. Nos hizo repetir el protocolo de
cierre tres veces porque decía que mi técnica era "descuidada" -Duo
se dejó caer en el sofá, exhausto- Mañana tenemos que estar en el hangar a las seis
de la mañana .
Heero no
respondió de inmediato. La imagen de Wufei y Duo compartiendo esas horas de
soledad profesional le provocaba una punzada de irritación.
Él debería
estar allí. Él debería ser quien escuchara las quejas de Duo sobre los
protocolos.
-Wufei es
eficiente -logró decir Heero - Pero podrías haber solicitado un relevo de
trabajo por motivos de descanso.
Duo lo miró
con curiosidad, una pequeña sonrisa formándose en sus labios.
-Vaya... ¿el
soldado perfecto está sugiriendo que me salte el reglamento? ¿O es que extrañas
a tu compañero de piso?
Heero desvió
la mirada hacia la ventana. No podía admitir que sentía envidia de la libertad
de Wufei para estar cerca de él sin tener que esconderse tras una "misión
secreta" de cumpleaños. Se sentía estúpido compitiendo por la atención de
Duo con uno de sus camaradas más antiguos, pero el sentimiento estaba ahí,
palpitando bajo su piel.
-Solo me
aseguro de que estés en condiciones óptimas para... tus deberes -mintió Heero.
Duo se
levantó y se acercó a él, rodeando su cuello con los brazos por la espalda.
-Tranquilo,
Heero. Wufei es solo un bloque de hielo con un manual de justicia bajo el
brazo. Tú eres el único que me quita el sueño -le susurró al oído, besando su
mejilla.
Ese pequeño
gesto calmó el incendio de la envidia por un momento, pero Heero sabía que
tendría que soportar un día más de esa separación forzada.
Mientras Duo
se iba a duchar, Heero volvió a sus notas de cumpleaños. Si Wufei tenía el
tiempo de Duo ahora, Heero se aseguraría de que el futuro, empezando por su día
especial, le perteneciera solo a ellos dos.