En su habitación en L4, Quatre se removía entre las sábanas, atrapado en una red de imágenes inconexas y sonidos distorsionados. El "Corazón del Espacio" no le daba descanso; el sistema ZERO, aunque desactivado físicamente, parecía haber dejado una antena residual en su conciencia.
En el sueño, Quatre veía una luz roja barriendo un pasillo de metal oscuro. Escuchaba el sonido de una válvula de vapor estallando justo a tiempo y veía una lanzadera civil con las llaves puestas, brillando bajo la luz de un hangar que no debería estar abierto. Pero lo más vívido era la sensación de una mano invisible cerrándose sobre el cuello de Heero y Duo.
Se despertó de golpe, con las mejillas bañadas en lágrimas y el corazón latiendo con una urgencia aterradora. No era una pesadilla común; era una advertencia de un riesgo inminente.
-Trowa... -susurró, buscando la mano de su compañero en la oscuridad.
-¿Qué pasa, Quatre? Estás temblando -la voz de Trowa era un ancla inmediata.
-estan en peligro -dijo Quatre, con los ojos muy abiertos, tratando de retener los detalles del hangar y los códigos de las escotillas que habían aparecido en su mente- pero hay una grieta en el muro. Alguien ha dejado una puerta abierta, por error o por destino. Si no les aviso ahora, los alcanzará.
Quatre se levantó y corrió hacia su terminal encriptada una terminal privada entre el y 01. Sus dedos volaron sobre las teclas, enviando ese paquete de datos que Heero recibiría a las 03:00 AM. Fue ese sueño, esa conexión casi mística con el flujo de los acontecimientos, lo que permitió que la "suerte" que experimentaron después no fuera solo azar, sino un camino trazado por la intuición de un amigo que se negaba a dejarlos caer.
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