10 jul 2026

DIA 10

El nudo en la garganta de Heero se disolvió por completo cuando Duo lo abrazó, pero un nuevo tipo de calor comenzó a expandirse por su pecho.

No era el calor abrasador de la batalla, era un calor suave y constante, se dio cuenta, con una claridad impresionante, de que estar allí, con Duo escondido en su pecho, era un deleite que nunca antes se había permitido imaginar.

—Deja de pensar tanto, Heero.  Puedo escuchar los engranajes de tu cerebro girando desde aquí —susurró Duo, sin moverse.

Heero sonrió levemente. Separó a Duo suavemente, pero solo lo suficiente para poder verlo a sus ojos que tanto amaba, el deleite de observar cómo esas orbes violetas de Duo brillaban bajo la tenue luz de la lámpara de pie, sin rastro de miedo ni desconfianza, era algo que no quería perderse por nada del mundo.

—¿Y tú en qué piensas? —preguntó Heero, tomando la trenza de Duo con delicadeza para luego desarmarla disfrutando de la suavidad de esta.

Duo sonrió, con esa sonrisa que podía iluminar toda la colonia espacial si se lo proponía.

—En que, aunque eres un soldado roto y un testarudo, eres mi soldado roto y testarudo y en que, por mucho que me queje de tus silencios, escucharlos es mi mayor deleite.

Heero no respondió, pero no fue necesario disfrutaba de la calma que compartían, la certeza de que estaban el uno para el otro, era más poderoso que cualquier palabra, que sus más grandes victorias estaban en aquellos momentos de intimidad, en la risa de Duo, en su calor, en la música de su voz. Duo era, sin duda, su mayor deleite, y estaba dispuesto a proteger esa felicidad con todo lo que tenía.


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