"Debemos conversar, es importante".
Duo había recibido aquel corto mensaje de Heero temprano por la mañana, y la frase lo había dejado inquieto el resto del día. Se encontraba en terreno; había salido de la colonia hacia L3 para revisar el sistema de seguridad de una nueva oficina. Aunque era un procedimiento rutinario y, de no haber inconvenientes, estaría en casa por la noche, sentía que no podría soportar todo el día con esa incertidumbre.
Durante horas, repasó mentalmente sus acciones del día anterior, de la semana pasada e incluso del mes anterior, buscando alguna señal que explicara el motivo de aquella conversación pendiente. Tal vez hoy era el día en que Heero le pediría que se fuera; quizá aceptaría alguna propuesta de Relena, o tal vez simplemente estaba harto del desorden que Duo solía dejar en el baño después de lavarse el cabello.
Mil pensamientos lo atormentaron. Al regresar a L2 ya se imaginaba lo peor: había cancelado el arriendo de su propio departamento, pero supuso que podría quedarse unos días con Wufei hasta encontrar otro lugar; a Sally seguramente no le importaría.
Cuando finalmente llegó al departamento y entró, lo primero que notó —o mejor dicho, lo que no vio— fueron las cajas con sus pertenencias. El vacío en el rincón donde solían estar le heló la sangre.
—No sentí cuando llegaste. —Heero salió de la pequeña habitación que no solían utilizar—. ¿Cómo te fue en L3? —preguntó, acercándose para darle un suave beso en la frente.
—Bien... nada fuera de lo común —respondió Duo, con el corazón latiéndole con fuerza en la garganta—. Heero, ¿dónde están mis cosas?
—De eso es de lo que tenemos que hablar.
"Es mi fin", pensó Duo, preparándose para el golpe.
—Llevamos poco más de tres meses viviendo juntos y tus cosas seguían en cajas, como si no quisieras instalarte definitivamente aquí, conmigo —comenzó Heero tras una breve pausa—. Sé que este lugar es pequeño; tu departamento era más grande y tienes muchas más cosas que yo... ¿Es que aún no estás seguro de lo que siento?
Duo se quedó de piedra. El aire regresó a sus pulmones de golpe.
—¿Qué? ¡Claro que no, Heero! Siento cosas por ti desde que éramos adolescentes y este tiempo a tu lado ha sido como un sueño. Diablos... soy yo el que ha dudado de sí mismo. Creí que te estaba molestando. Heero, yo te amo, y mi temor más grande era que te arrepintieras de estar conmigo. Creo que por eso no terminaba de instalarme...
Heero atrajo a Duo hacia sí, envolviéndolo en un abrazo firme.
—Jamás me arrepentiré de estar con la persona más importante de mi vida —le respondió Heero al oído—. Por eso desempaqué tus cosas. Las instalé en el cuarto vacío; así tendrás un poco de privacidad para tus asuntos cuando te canses de mí.
—Nunca me cansaré de ti —susurró Duo, relajándose por fin en sus brazos—, y menos ahora que sé cuánto te importo. Porque tú eres todo para mí, Heero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario