—Huevos, harina, azúcar, mantequilla, fresas o melocotón... —Duo repasaba en voz alta la lista de ingredientes para hacer un pastel.
Faltaban pocos días para el cumpleaños de Heero y quería regalarle algo especial. Durante sus años de amistad habían celebrado varios cumpleaños juntos, pero este sería el más significativo de todos: el primero que pasarían juntos como pareja. Duo deseaba con todo su corazón que esa noche fuera perfecta.
Había pedido libre la tarde anterior al cumpleaños de Heero para preparar todo. Esa noche solo serían ellos dos, el pastel y una botella de champagne que tenía guardada desde su última misión en la Tierra, hacía algunas semanas.
Tenía casi todo listo cuando su teléfono vibró. Era un mensaje de su compañero anunciando que ya habían tomado el transbordador hacia L2 y que llegaría en una hora. Pero esa hora se transformó en dos, y en tres, y en cuatro...
Faltaba poco para las once de la noche cuando la voz angustiada de Quatre sonó a través de su móvil.
—Hubo un accidente en el transbordador en el que venían Trowa y los demás... Estoy por llegar a tu departamento para ir al hospital.
La mente de Duo quedó en blanco. Su corazón latía con fuerza, invadido por el terror ante lo que pudiera haber pasado. Bajó corriendo las escaleras; afuera del edificio, Quatre ya lo estaba esperando. El trayecto al hospital, que solía ser de media hora, se sintió eterno. Lo único que deseaba en ese momento era que Heero estuviera bien.
En el pasado, ambos habían estado al borde de la muerte más de una vez, arriesgando sus vidas en situaciones donde el temor no tenía cabida. Después de todo, estaban solos y no tenían nada que perder. Pero ahora... ahora todo era diferente.
Al llegar a la sala de emergencias, se encontraron con Iria, la hermana de Quatre y doctora del hospital.
—Mi "cuñado" se encuentra bien —dijo, refiriéndose a Trowa con una leve sonrisa de alivio—. Solo tiene algunos rasguños. Yuy se llevó la peor parte: tiene una costilla rota. Por suerte, no fue nada más grave.
A Duo se le heló la sangre y su piel se puso aún más pálida de lo que ya era.
Corrió por el pasillo hasta llegar al cuarto donde estaba su compañero. Lo único que deseaba con toda su alma era que estuviera bien.
Deseaba que no fuera tan grave como Iria decía.
Deseaba poder abrazarlo, tenerlo por siempre en el resguardo de sus brazos.
Deseaba que ya nada malo les pasara...
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