19 jul 2026

Día 19 : sanar

Sanar

El proceso de sanar no fue un evento repentino para Trowa, fue más bien como una herida de bala que cierra con puntos y paciencia , para él, sanar se parecía más a la reparación de una maquina, un trabajo paciente de limpiar, pulir  y sellar grietas que como cicatrices siempre formarían parte de la estructura.

Días después de su disculpa, Trowa se encontró en el pequeño jardín hidropónico que Quatre mantenía en la terraza del complejo donde estaban, el sol artificial de la colonia bañaba las plantas con una luz dorada tan cálida como el rubio .

—Heero dice que Duo ya está probando la motocicleta —comentó Quatre mientras podaba con cuidado unas flores blancas—. Dice que el ruido se escucha en tres sectores a la redonda.

Trowa dejó escapar una pequeña risa, un sonido que antes era casi inexistente en él.

—Duo siempre ha tenido una forma ruidosa de ser. Necesita que  todos sepan que sigue aquí.

Quatre dejó las tijeras y se acercó a él, observando cómo Trowa acariciaba la hoja de una planta con una delicadeza asombrosa.

—¿Y tú, Trowa? ¿Cómo te sientes hoy?

Trowa guardó silencio un momento, escuchando el latido tranquilo de su propio corazón. Ya no buscaba el ritmo de un temporizador de explosivos ni el zumbido de los motores de combate.

—Creo que finalmente he empezado a sanar de verdad —confesó, mirando a Quatre—. Durante años, pensé que mi único propósito era ser una herramienta, que las cicatrices eran mi única identidad verdadera , pero ahora entiendo que sanar no es olvidar lo que fuimos, sino elegir en qué nos convertiremos.

Quatre tomó su mano y la entrelazó con la suya.

—Nos convertiremos en personas que pueden ver el amanecer sin buscar enemigos por todas partes.

—Sí —asintió Trowa—. He descubierto que ver cómo crecen estas plantas, o escuchar las melodías de tu violín, tiene un poder para sanar que ningún médico militar podría explicar. He dejado de ser el "piloto de pruebas" de mi propia vida para empezar a vivirla.

En ese momento, la paz no era solo la ausencia de guerra, sino la presencia de esperanza. Trowa entendió que sanar era el acto de rebeldía más grande que podía cometer contra el destino que le habían impuesto.

Ya no era un soldado esperando la próxima misión , era un hombre que amaba y era amado, un hombre cuyas manos ahora se usaban para sostener y para proteger la vida que tanto le había costado alcanzar.

El círculo se había cerrado, el odio se había ido, la disculpa había sido aceptada y el alma de Trowa, por fin, estaba en paz.



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