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16 ago 2026

Volver a amar cap10


Sus labios se separaron por falta de aire, sus corazones latían con fuerza a un mismo ritmo, Duo tenía los ojos cerrados, una de las manos de Heero acunó la mejilla del menor para atraerlo a su boca una vez más, cuando el teléfono de este comenzó a sonar. 

 _¿No piensas contestar, Heero?_ Dijo un Duo con la respiración alterada _ Puede ser Relena.

 _No es ella, quien llame puede esperar_ se acercó más a él, estrechando la distancia que los separaba, pero el teléfono no paraba de sonar, es más, el de Duo comenzó a sonar también.

 _ creo que contestaré… puede ser importante. Duo se alejó del mayor con el corazón aun latiendo como si fuera a salir de su pecho, tomó aire y contestó, del otro lado de la línea su amigo Wufei le gritaba que saliera de la casa de Yuy. _ creo que es mejor salir… Wufei está afuera.

El trenzado estaba muy nervioso, aquel beso había cambiado la atmósfera entre ellos, aún había cosas que tenían que decirse, pero él ni siquiera era capaz de mirarlo a los ojos. 

 _ Crees que me importa que estén afuera_ rodeó el escritorio tirando de uno de los brazos de Duo para acercarlo a él y rodear con su brazo la cintura de este_ en este momento tengo otras prioridades, mucho más importantes que ellos. 

 _No sé cómo reaccionar o qué pensar, creo que estoy en shock. 

 _no pienses Duo, solo… _La puerta fue azotada por fuertes golpes desde afuera. En ese momento Duo se separó de él, prácticamente huyendo, para abrir la puerta. 

 El pelinegro se encontraba maldiciendo en chino improperios dirigidos a Yuy. Duo lo tomó de la mano con la mirada suplicando que lo sacara de aquel lugar, Heero solo lo vio alejarse con el chino en el auto de este cuando su teléfono volvió a sonar, lo contestó sin ver quién llamaba pues ya intuía quien era.

 _Intenté advertirte que Wufei iba en camino. 

 _No llamaste en el mejor momento 

 _Me debes una motocicleta

 _ Llévala al taller, como agradecimiento por el favor. 

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 Desde lo más alto de un edificio en Nueva York podía ver gran parte de la gran manzana, era ya de noche y las luces de la ciudad que nunca duerme traían tanta claridad como si del día se tratara, su mano sujetaba una copa de cristal donde una solitaria aceituna nadaba en el claro licor 

 _señor Treize_ un joven vestido de negro entró a aquella oficina, traía consigo un folder con varios documentos _ Ha llegado el reporte desde Tokio. 

 _algún corredor que destaque? _ preguntó el castaño 

 _más que eso señor, el informante le ha mandado algunas fotografías que sé tomarán toda su atención. 

 El hombre de negro entregó el folder y se marchó. Al abrirlo lo primero con lo que se encontró fueron varias fotografías de un motorista acompañado de nada más ni nada menos que Trowa Barton, aún recordaba el mayor que él le debía una, ya que gracias a Trowa había perdido a su amado Duo. Siguió mirando las imágenes y se encontró con las de una muchachita, una muchachita que sin duda era su amado Duo, entonces una sonrisa se dibujó en su rostro.

 _así que al fin te encontré, Duo Maxwell. Después del accidente, al hacer algunas averiguaciones, descubrió que todo fue un engaño y más al entrar a la computadora de Duo y encontrar evidencia de movimientos bancarios, eso solo lo confirmó, su pequeño niño había estado haciendo planes a su espalda para escapar. Pero lo que él no sabía era que nadie escapaba de las manos de Treize Khushrenada sin pagar las consecuencias de su traición. El móvil sonó, al contestar supo de inmediato que era su informante

 _Has hecho un buen trabajo, serás recompensado 

 _ supongo que ya ha visto las imágenes _sabía que ese idiota de Barton había ayudado a mi Duo 

 _ pero aún no le he dicho la mejor parte… sé quién es realmente el sujeto de la motocicleta negra que llamó su atención, es Heero Yuy y Maxwell está junto a él. 

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 Llevaba toda la mañana trabajando en la moto de Trowa, agradecía que el mayor daño era solo de la carrocería que era fácil de reemplazar por otra, había quedado algo confundido cuando hace tres días atrás llegó al taller y se encontró con la máquina en ese lugar con una nota pegada, “me la debes”. Después de todo era la culpa de Duo lo sucedido con la máquina, también hace tres días que no había podido ver a Heero, eso lo tenía un tanto ansioso, tenían una conversación a medias que tenían que concluir pero… el trenzado no sabía cómo mirarlo a los ojos sin que su cara se transformara en una sinfonía de colores delatando su nerviosismo. Lo único que tenía en claro es que aquel beso lo había afectado, dejando a flote irremediablemente sentimientos que lo hacen sentirse un estúpido adolescente de nuevo. Por otro lado en esos días se había esforzado por terminar los planos del resto de sus autos, ya tenía listos 3 de estos, solo que quedaba el último que sería un reflejo de su propia personalidad.

 Tras el rotundo éxito de su presentación de exhibición ya tenía varios inversionistas interesados en ser parte del proyecto, como también en adquirir más de sus máquinas, eso lo tenía muy satisfecho y feliz, pero en el fondo él sentía que no podía disfrutar de aquella felicidad mientras que Treize siguiera buscándolo. Salió del taller, al llegar al recibidor su asistente ya se había marchado, había perdido la noción del tiempo de nuevo, al mirar la hora en su móvil faltaba poco para que fueran las 10 de la noche.

 Estaba por irse cuando notó luz en las escaleras que conducían al segundo piso, eso significaba que Heero estaba ahí. Puso un pie sobre la escalera y dudó si seguir subiendo, ¿que haría si se encontraba con él?, ¿estaba preparado para enfrentarlo?, no podía seguir huyendo, esa no era la forma de ser del gran dios de la muerte; él buscaba los problemas ,no se escondía de ellos. Con toda la fuerza de voluntad posible subió la escalera, la puerta de la oficina de Heero estaba abierta con la luz encendida, podía sentirse movimiento en el interior, se detuvo en el marco de la puerta apoyando su cuerpo contra el marco de esta cruzando sus brazos.

 _ por poco y pensé que era un ladrón_ dejó ver una de sus mejores sonrisas, frente a él se encontraba Heero El castaño estaba en su escritorio trabajando en su laptop, ni siquiera levantó su mirada porque sabía perfectamente quien era. 

 _tenemos una conversación pendiente_ le dijo inmutable 

 _lo sé_ el castaño se encontraba nervioso porque sabía cómo terminaría esa conversación 

 _ ahora no está Chang para que te salve_ levantó su vista por sobre su ordenador para observarlo_ así que habla, responderé todas tus dudas

 Caminó hasta llegar a una silla que estaba al lado del escritorio de Heero, se acomodó estirando sus piernas observando la punta de sus zapatos sin saber cómo actuar 

 _ creo que aún tengo sentimientos por ti… en este momento soy un caos de emociones 

 _con eso me basta_ cerró el ordenador_ eso es suficiente para aferrarme a ti y hacer que vuelvas a estar tan enamorado de mi como yo siempre lo he estado de ti_ se levantó caminando lentamente hasta donde se encontraba el dueño de su corazón_ Lograr que perdones todos mis errores, que confíes en mí, que me dejes sanar tus heridas, borrar de tu piel cualquier otra caricia que no sea mía_ las últimas palabras las susurró en el oído de este, su voz era ronca, cargada de deseo contenido. 

 El menor se dejó guiar por el sonido de aquella tentadora voz, quería besarlo con todas sus fuerzas, sabía que al hacerlo se derrumbaría toda barrera y cordura que aún le quedaba, pero en ese momento lo único que le importaba era ser consumido por ese fuego interior que poseía Heero y que solo él conocía a la perfección.

31 jul 2026

día 31 felicidad

Para 05:

Es extraño escribir estas líneas después de tanto tiempo. Hace años, nuestras manos solo conocían el peso del acero y el frío de nuestras cabinas, ahora, mientras escribo esto, mis manos están manchadas de tierra , ásperas por el trabajo, el aroma que inunda este lugar no es el de los circuitos quemados ni el de la pólvora sino el del café recién hecho de la mañana y el de una comida caliente por las noches frías.

Te escribo para decirte que hemos encontrado algo que no creíamos posible, el silencio, no ese silencio tenso que precede a una batalla, sino uno lleno de paz y tranquilidad.

Después de varios meses de nuestro reencuentro con nuestros queridos 01 y 02 decidimos acentarnos a vivir en un valle donde los únicos sensores que importan son los cambios de estación y el ritmo de la cosecha.

Tras mucho insistir de 02 , vivimos en una granja, dónde el tiempo no se nos escapa entre las prisas de la Alianza ni se nos agota en misiones suicidas. 

01, 03, 02 y yo hemos aprendido a existir sin una orden que cumplir .

01 se ha convertido en alguien que sabe disfrutar de una tarde sin mirar constantemente al horizonte buscando enemigos, su mirada ha cambiado, antes afilada, ahora se pierde con calma en los árboles o en los ojos de 02, por otro lado 02 sigue siendo el de siempre, llenando la casa con una risa que ya no necesita esconderse, y 03... parece haber encontrado, por fin, el lugar donde sus sombras no le persiguen, sino que simplemente descansan con él, eso me tranquiliza de sobre manera.

Te cuento esto no para presumir de nuestra suerte, sino para decirte que la felicidad no es la gloria que buscamos en el campo de batalla, es mucho más simple que eso, es esto, sentarse a una mesa a compartir el pan al final de un día de trabajo, sabiendo que mañana no nos obligarán a quemar el mundo cada vez que un político se sienta amenazado.

La paz que tanto nos costó comprar resultó ser más sencilla, más pequeña y a su vez , infinitamente más grande de lo que imaginamos en especial para nuestras propias vidas.

Te echamos de menos, en especial 02, después de convencer a 01 y esperar un tiempo prudente decidimos buscar denuevo el contacto contigo de esta manera tan tradicional.

Aquí siempre habrá un lugar en la mesa y un espacio bajo este inmenso cielo azul que, por fin, nos pertenece , si alguna vez el peso de tu propia justicia se vuelve demasiado pesado, recuerda que aquí hay un hogar donde el pasado no tiene permiso para entrar y que siempre te recibirá con los brazos abiertos.

Vive, 05 ese es el único deber que nos queda para con nosotros mismos

Con aprecio, quien te quiere como un hermano 

04

29 jul 2026

día 30 secreto

En un pequeño pueblo costero, lejos de los grandes centros tecnológicos , la vida transcurría con una lentitud sanadora. 

Un hombre de mirada intensa y pocas palabras, que ahora se hacía llamar Odin, trabajaba en un taller de reparaciones mecánicas junto a su esposo un joven de risa fácil, mirada amatista y cabello largo hasta los hombros, recogido en una coleta sencilla, conocido por todos como Hades, servía bebidas en la taberna local.

Llevaban meses bajo esas pieles nuevas, habían enterrado sus nombres reales en el vacío del espacio, cubriendo sus rastros con una red de datos falsos que ni siquiera el sistema ZERO podría desentrañar, pero vivir en la penumbra tiene un precio, el aislamiento de todo lo que alguna vez amaron, sus amigos que consideraban familia.

Una tarde, mientras el televisor de la taberna escupía noticias ruidosas, Duo -o Hades- se quedó petrificado con una bandeja en la mano.

"Fuentes oficiales confirman que los restos hallados en el cañón de medio oriente pertenecen a la nave de los fugitivos Quatre Winner y Trowa Barton ambos terroristas ex pilotos de Gundams. No hubo supervivientes."

La bandeja que Duo sostenía resbaló, astillándose contra el suelo de madera, el sonido fue un eco de su propio corazón rompiéndose, Heero que estaba sentado en una esquina sombría, alzó la vista. Sus ojos se encontraron y en ese silencio compartido, el peso de la noticia los golpeó como una onda de choque.

Habían llegado a la Tierra buscando seguridad, solo para descubrir que el mundo se había vuelto un lugar mucho más solitario.

Pasaron semanas de un duelo silencioso, cargando con la verdad de una pérdida que no podían gritar a nadie. Sin embargo la mente de Heero era más rápida que su conciencia, y algunos habitos nunca cambian buscando información del accidente de sus amigos notó algo extraño en los informes técnicos de la zona del desastre que circulaban en las redes de contrabando, un detalle que solo un piloto de su calibre detectaría, el ángulo del impacto no coincidía con una caída accidental.

Siguiendo una corazonada que desafiaba toda lógica, se prepararon para viajar hacia el desierto, se movieron como fantasmas, evitando las patrullas, guiados por una señal encriptada que parecía un susurro en la estática de la radio. 

Llegaron a una vieja construcción de adobe y paja oculta por las dunas y los espejismo producidos por el calor.
Al entrar, la oscuridad los recibió con el aroma a tierra y té de menta. Una figura alta, con el cabello cubriendo parte de su rostro, emergió de la penumbra apuntando los con un arma.

-Han tardado mucho en rastrear este secreto -dijo Trowa, bajando el arma al reconocer los ojos azules de Heero.

Detrás de él, Quatre apareció con una sonrisa débil pero llena de alivio , no hubo grandes exclamaciones dentro de ese refugio olvidado por Dios, los cuatro se miraron, reconociendo en los otros las mismas cicatrices y el mismo alivio de los que han regresado de la tumba.

-Pensamos que... -Duo no pudo terminar, su voz quebrándose mientras abrazaba a Quatre.

-Teníamos que dejar que el mundo creyera la mentira para poder proteger la verdad -respondió Quatre en un susurro-. Ahora, todos somos parte de lo mismo.

En esa habitación polvorienta, rodeados por el desierto, entendieron que su mayor triunfo no fue ganar la guerra, sino haber logrado que sus vidas fueran el único secreto que la Alianza nunca podrá descifrar. 

Ya no eran cinco pilotos de Gundam, eran cuatro sombras que, por fin habían encontrado la paz en el único lugar donde nadie los buscaría: entre los vivos que el mundo dio por muertos.


día 29 muerte

El descenso a través de la atmósfera fue un infierno de fricción y metal caliente, la nave dañada por los disparos de los interceptores en la órbita alta, caía como una estrella herida hacia los cañones de lo que antes fue el Oriente Medio, dentro de la cabina, el aire se estaba agotando, reemplazado por un frío sepulcral que parecía emanar de las propias consolas que morían una a una.

-Trowa, el radar indica que están sobre nosotros -dijo Quatre, su voz extrañamente calmada, envuelta en esa paz que solo llega cuando se acepta el final del camino.

Trowa no miró las pantallas. Sus ojos estaban fijos en el abismo que se abría frente a ellos, una garganta de piedra y sombras donde el viento aullaba como un lamento. 

Sabía que la Alianza no se detendría hasta ver cenizas, para el mundo, los pilotos de Gundam eran leyendas, y las leyendas solo son seguras cuando están tres metros bajo tierra.

-Es el momento -susurró Trowa.

No hubo una despedida dramática , en ese espacio confinado, rodeados por el olor a metal quemado era el fin de todas las cosas, se tomaron de la mano, la sensación que los rodeaba era de una quietud absoluta, como si el tiempo se hubiera detenido justo antes del impacto, la persecución los había llevado al límite de la existencia, al punto donde la luz se apaga y solo queda el vacío.

Desde el cielo, los pilotos de la Alianza observaron cómo la nave se estrellaba contra el lecho rocoso del cañón, la explosión era una flor de fuego naranja y negro que iluminó las paredes de piedra, seguida por un derrumbe masivo que sepultó los restos bajo toneladas de granito, en las frecuencias de radio, solo quedó la estática, no hubo señales de vida, ni transmisiones de emergencia. Solo un silencio denso, pesado, definitivo.

-Objetivos eliminados -informó el comandante de la unidad por el canal oficial.

Sin embargo, en la profundidad de una cueva natural oculta por el humo y el caos del derrumbe, dos figuras emergieron de las sombras, estaban cubiertas de polvo y ceniza, sus ropas desgarradas, pero sus corazones latían con una fuerza renovada.

Habían dejado atrás sus nombres, sus rangos y sus pesadillas en aquel incendio. Para el sistema, Quatre Winner y Trowa Barton habían dejado de respirar bajo los escombros.

Quatre miró hacia la boca de la cueva, donde el humo empezaba a disiparse, revelando un cielo terrestre inmenso y ajeno. Se sentía ligero, como si el peso de su propia historia se hubiera quemado en la explosión.

-Se acabó, Trowa -murmuró, sintiendo que el frío del final había sido reemplazado por el calor de un nuevo comienzo.

Trowa asintió, ajustándose la mochila con suministros que habían logrado sacar antes del impacto controlado, ya no eran piezas de ajedrez en un tablero político, ahora eran solo dos hombres caminando hacia el horizonte de un mundo que ya no los buscaba, habían cruzado el umbral de lo irreversible para encontrar, en ese silencio absoluto, la libertad que solo se encuentra cuando se ha perdido todo.


27 jul 2026

dia 28 impulso

Impulso

No hubo tiempo para pensar lo que pasaba en ese momento, antes de que el cerebro de Trowa pudiera procesar la trayectoria de la amenaza, la memoria muscular de su cuerpo ya había reaccionado.

Fue una descarga súbita, una orden biológica que viajó desde su médula hasta sus extremidades en una fracción de segundo, su cuerpo se lanzó hacia adelante, barriendo a Quatre de su posición junto al ventanal justo cuando un proyectil de alta precisión rompe el cristal donde antes estaba su cabeza.

-¡Muévete! -la voz de Trowa no era un grito, era un comando seco, nacido de ese motor interno que ignora el cansancio.

Quatre sintió el impacto del suelo, pero no hubo dolor, solo una vibración frenética recorriendo sus nervios, el ambiente cambió, el aire a su alrededor parecía haberse vuelto combustible, ya no era el joven millonario refinado que tocaba el violín, sino algo antiguo y salvaje, despertado por la inmediatez del peligro, tomando el control de sus sentidos, no necesitó mirar a Trowa para saber hacia dónde correr, sus pies se movieron por inercia, una fuerza que no pedía permiso y que los empujaba hacia los túneles inferiores de la propiedad.

Cada zancada era un latido explosivo, el sonido de sus propias respiraciones, rápidas y pesadas, marcaba el ritmo de una huida que se sentía más como un ataque hacia la libertad, Trowa sentía la presión en su espalda, ese deseo irrefrenable de girarse y enfrentar la sombra, pero la prioridad en ese momento era otra.

Era esa urgencia ciega que siente la presa cuando el depredador muestra los dientes, una aceleración del ser que convierte el miedo en pura energía .

Al llegar al hangar subterráneo, el olor a aceite actuó como un catalizador, Quatre se lanzó hacia el panel de control, sus dedos moviéndose con una velocidad que desafiaba su propia coordinación habitual, no había duda, no había vacilación, era el dictado del instinto puro, la respuesta mecánica de dos guerreros que, ante la posibilidad de ser acorralados, eligen estallar hacia adelante.

-Los motores están en marcha -jadeó Quatre, sintiendo cómo el rugido de las turbinas resonaba en sus huesos.

Trowa cerró la escotilla, sus ojos fijos en la rampa que se abría hacia la noche, el aire vibraba con la potencia acumulada, una tensión que solo podía liberarse con un salto al vacío.

Ya no se trataba de planear, se trataba de ese primer paso irreversible, el disparo inicial que los lanzaba hacia un destino que ya no podían detener.


26 jul 2026

día 27 sangre

El aire en la propiedad de la familia Winner siempre había sido ligero, pero esa noche se sentía denso, cargado de un rastro metálico que solo aquellos que han estado en el combate pueden reconocer, como una premonición de lo que se avecinaba para ellos.

Quatre estaba de pie en el gran salón, observando el retrato de su padre, sentía un calor punzante en sus sienes, un ritmo desbocado que le recordaba que él era el último de su linaje y por ende el encargado de proteger a su familia.

-¿Sientes eso, Trowa? -preguntó Quatre, pasando un dedo por el borde de una delicada copa de cristal.

Trowa, que revisaba el perímetro desde la sombra de los ventanales, no se movió, su atención estaba dividida entre los sensores de movimiento y el pulso visible en el cuello de Quatre. Para Trowa, la vida siempre se había reducido a eso, asegurar que ese flujo constante bajo la piel de Quatre no se detuviera nunca más.

-Es el peso de lo que heredamos -respondió Trowa, su voz apenas un roce en el aire-. La Alianza cree que puede borrar lo que somos simplemente cortando la conexión con el pasado, pero lo que llevamos dentro no se borra con decretos.

Quatre apretó los puños, de pronto recordó el desierto, los gritos de sus hermanas y la calidez roja que empapó la arena cuando su padre cayó, no era solo un recuerdo era una presencia vibrante que reclamaba justicia.

El gobierno no solo quería sus Gundams, querían tambien extinguir la llama que corría por sus venas, la misma que los hacía peligrosos porque no podían controlarla.

-Quieren que nos convirtamos en estatuas frías -murmuró Quatre, sintiendo una gota de sudor recorrer su espalda, tan caliente como una herida abierta- pero mientras este motor interno siga funcionando, no podrán atraparnos 

Trowa se acercó y puso una mano sobre el pecho de Quatre. 
Bajo la palma de su mano, sintió la vida golpeando con fuerza, una maquinaria biológica perfecta y apasionada, esa era la verdadera amenaza para la Alianza, no el metal de sus máquinas, sino la voluntad indomable que se transmitía de generación en generación, ese vínculo invisible que era más espeso que el agua y más fuerte que la traición.

-Si vienen por nosotros -dijo Trowa, sus ojos brillando con una determinación gélida-, descubrirán que lo que fluye en nosotros no es agua. Descubrirán que el color de nuestra resistencia es algo que no se puede lavar.

Quatre asintió, sintiendo cómo el miedo se transformaba en una resolución ardiente. No era solo por ellos; era por todos los que habían caído para que ellos pudieran estar ahí. 

La atmósfera en la habitación cambió ya no era un refugio, era un santuario donde la vida se preparaba para defenderse con uñas y dientes, lista para dejar su huella en el suelo antes de rendirse.


25 jul 2026

día 26 sueño

En su habitación en L4, Quatre se removía entre las sábanas, atrapado en una red de imágenes inconexas y sonidos distorsionados. El "Corazón del Espacio" no le daba descanso; el sistema ZERO, aunque desactivado físicamente, parecía haber dejado una antena residual en su conciencia.

En el sueño, Quatre veía una luz roja barriendo un pasillo de metal oscuro. Escuchaba el sonido de una válvula de vapor estallando justo a tiempo y veía una lanzadera civil con las llaves puestas, brillando bajo la luz de un hangar que no debería estar abierto. Pero lo más vívido era la sensación de una mano invisible cerrándose sobre el cuello de Heero y Duo.

Se despertó de golpe, con las mejillas bañadas en lágrimas y el corazón latiendo con una urgencia aterradora. No era una pesadilla común; era una advertencia de un riesgo inminente.

-Trowa... -susurró, buscando la mano de su compañero en la oscuridad.

-¿Qué pasa, Quatre? Estás temblando -la voz de Trowa era un ancla inmediata.

-estan en peligro -dijo Quatre, con los ojos muy abiertos, tratando de retener los detalles del hangar y los códigos de las escotillas que habían aparecido en su mente- pero hay una grieta en el muro. Alguien ha dejado una puerta abierta, por error o por destino. Si no les aviso ahora, los alcanzará.

Quatre se levantó y corrió hacia su terminal encriptada una terminal privada entre el y 01. Sus dedos volaron sobre las teclas, enviando ese paquete de datos que Heero recibiría a las 03:00 AM. Fue ese sueño, esa conexión casi mística con el flujo de los acontecimientos, lo que permitió que la "suerte" que experimentaron después no fuera solo azar, sino un camino trazado por la intuición de un amigo que se negaba a dejarlos caer.


24 jul 2026

Día 25: redención

El silencio del espacio profundo era el único juez que les quedaba, al interior de la pequeña nave espacial el parpadeo de las consolas proyectaba sombras largas sobre los rostros de Heero y Duo. Ya no había sirenas, ni botas golpeando el metal o balas surcando el aire, ni la mirada acusadora de un gobierno que los quería encadenar a su propia historia.

Heero observaba sus manos, durante años, esas manos habían sido herramientas de una justicia impuesta por otros, cargadas con el peso de órdenes que nunca cuestionó ya que le habían enseñado desde temprana edad a obedecer. Había pasado mucho tiempo tratando de compensar la destrucción que provocaron sus actos con una vigilancia eterna, creyendo que su utilidad como guardia era su única forma de pagar su deuda con el mundo, pero la traición de la Alianza le había revelado una verdad más simple.

-Heero... -Duo rompió el silencio, mirando por el cristal de la cabina hacia las estrellas distantes-. ¿Crees que alguna vez dejaremos de correr? ¿Crees que realmente podemos ser algo más que lo que ellos dicen que somos?

Heero se giró hacia él. Ya no veía al "Dios de la Muerte" que se ocultaba en las sombras, sino al hombre que le había enseñado que la vida tenía sabor, que el calor de una cama compartida valía más que cualquier victoria o alianza militar .

-No necesitamos que nos den permiso para ser libres, Duo -respondió Heero, y por primera vez, su voz no tenía el tono de un soldado informando detalles, sino el de alguien que finalmente ha soltado una carga muy pesada - No les debemos nada... Ni nuestra obediencia, ni nuestro martirio, y mucho menos nuestra esperanza .

Se levantó de su asiento y se acercó a Duo, tomando su mano. En ese contacto, Heero sintió que el círculo finalmente se cerraba.

Su camino hacia la luz no consistía en servir a una paz dictada por otros, sino en construir una propia. Su verdadera salvación no estaba en los tratados firmados en la Tierra, sino en la lealtad inquebrantable que se profesaban en ese vacío inmenso.

-Nuestra deuda con el pasado está pagada -continuó Heero-. A partir de ahora, cada aliento es nuestro. Cada kilómetro que recorramos lejos de sus guerras es nuestro regalo al mundo... y a nosotros mismos.

Duo apretó su mano y una paz genuina, una que no dependía de la ausencia de conflictos sino de la presencia de propósito, iluminó su rostro. Se inclinó hacia Heero, apoyando la frente contra la suya.

Ya no había manchas de sangre en sus consciencias que el amor no hubiera empezado a lavar, habían dejado de ser los niños que quemaron el cielo para convertirse en los hombres que heredarían las estrellas.

Heero activó el salto hiperespacial. No fijó las coordenadas hacia ninguna base conocida, sino hacia un sector donde ningún gobierno llegaba, un lienzo en blanco donde nadie conocía sus nombres ni sus pecados. La nave se impulsó hacia adelante, convirtiéndose en una mota de luz que desapareció en la inmensidad, dejando atrás las cenizas de la Alianza para abrazar, por fin, la claridad de su propia libertad.


23 jul 2026

Día 24: suerte

 El zumbido del dron de reconocimiento se detuvo justo sobre sus cabezas, proyectando una luz roja que barrió el pasillo de metal. Heero y Duo contuvieron el aliento, pegados el uno al otro contra la pared húmeda. El sensor de movimiento pasó a escasos centímetros de las botas de Duo, Un segundo más, un ángulo ligeramente distinto, y el escuadrón de asalto habría tenido sus coordenadas exactas.

Pero el sensor giró en la dirección opuesta, atraído por el estallido de una tubería de vapor que reventó por la presión en el extremo lejano del túnel. El dron se alejó, siguiendo el rastro de calor equivocado.

-No puede ser... -susurró Duo, con el corazón golpeándole las costillas. No había lógica en que esa válvula fallara justo en ese instante, pero el destino les había regalado un suspiro de tiempo.

Siguieron avanzando por las entrañas de la colonia, moviéndose por puro instinto. Llegaron a un hangar de carga que, según los mapas de Heero, debería haber estado sellado por el protocolo de seguridad. Sin embargo, al deslizar la mano por el panel, la puerta se abrió con un gemido hidráulico. Alguien había olvidado activar el cierre manual durante el último turno de mantenimiento; un error humano, una negligencia estadística que en cualquier otro momento sería irrelevante, pero que ahora significaba la diferencia entre la captura y la libertad.

Dentro, entre hileras de naves de transporte masivo, brillaba una pequeña lanzadera civil de corto alcance. Tenía los motores en precalentamiento, como si alguien la hubiera dejado lista para un viaje que nunca ocurrió.

-Heero, mira las llaves... están en la consola de encendido -Duo soltó una risa nerviosa, casi incrédula. Sus dedos volaron sobre los controles-. Si esto fuera una película, diría que la guionista nos quiere vivos.( La fanficker amor )

Heero no sonrió, pero sus hombros se relajaron un milímetro. Sabía que las probabilidades de encontrar una nave abierta, con combustible y con los sensores de vigilancia fuera de línea debido a una interferencia solar imprevista en el sector, eran de una entre un millón. El universo, que tantas veces les había dado la espalda, parecía estar sosteniéndoles la mano en medio del caos.

-No hagas preguntas, Duo. Solo vuela -ordenó Heero, ocupando el asiento del copiloto mientras los sistemas de la nave cobraban vida con un ronroneo suave.

La esclusa exterior del hangar se abrió lentamente. Fuera, los cazas de la Alianza patrullaban el vacío, pero una densa nube de escombros espaciales proveniente de un satélite antiguo desintegrado les proporcionaba el camuflaje perfecto para deslizarse hacia la oscuridad del espacio profundo.

Era como si las estrellas mismas hubieran decidido alinearse para protegerlos. Escaparon al vacío sin que un solo disparo fuera efectuado en su dirección, dejando atrás el encierro para adentrarse en la incertidumbre, pero con la extraña certeza de que, al menos por hoy, los dados habían rodado a su favor.

22 jul 2026

Día 23: desesperación

El frío del subnivel 4 no era solo ambiental, se sentía como una presión que se instalaba en la base de los pulmones. Heero y Duo se movían entre las tuberías de refrigeración, el eco de sus propias pisadas devolviéndoles una burla constante.

Atrás, el sonido de las botas tácticas golpeando el metal era un recordatorio rítmico de que el cerco se cerraba.
Duo sentía un nudo que le impedía tragar, sus manos, ágiles para forzar cualquier cerradura, resbalaban sobre el teclado de la escotilla de emergencia, un sudor frío le escocía en los ojos, en ese momento sentía miedo, pero no miedo a la muerte -había bailado con ella demasiadas veces-, era esa sensación punzante de que el suelo se había desintegrado bajo sus pies. Todo lo que habían construido se estaba escurriendo entre sus dedos como arena fina.

-No abre, Heero... el código no reconoce la entrada -la voz de Duo salió quebrada, un hilo fino que amenazaba con romperse- Cambiaron las frecuencias, dedujeron que intentaríamos escapar .

Heero se pegó a la pared, con el arma en alto, vigilando el pasillo en sombras, su rostro era una máscara de piedra, pero su mandíbula estaba tan apretada que los músculos le temblaban. Sus ojos azules escaneaban la oscuridad con una intensidad frenética, buscando una salida que la lógica le decía que no existía. Cada segundo que pasaba, el espacio se sentía más pequeño, el oxígeno más denso, la esperanza más débil

-Usa el bypass manual -ordenó Heero. Su tono era cortante, pero Duo detectó la vibración diferente, esa nota de urgencia que Heero solo emitía cuando el cálculo de probabilidades rozaba el cero.

-¡Lo estoy intentando! -Duo golpeó el panel con el puño, una reacción visceral ante la impotencia-. Nos han borrado, Heero. No existimos para el sistema. Somos fantasmas en una ratonera.

El sonido de un dron de reconocimiento zumbó sobre sus cabezas. Duo se pegó al pecho de Heero, buscando ese calor familiar, pero incluso el latido de su compañero era un tambor desbocado. La realidad los golpeaba: estaban solos, señalados por la misma mano que habían estrechado en señal de paz. 

La angustia no era un grito, era ese silencio ensordecedor que te dice que no hay ningún lugar a donde ir, que cada puerta lleva a un muro y que el mañana es una promesa que se acaba de romper.
Heero lo tomó por los hombros, obligándolo a mirarlo. En sus ojos no había planes de batalla, sino una necesidad primaria de aferrarse a lo único real que quedaba.

-Mírame, Duo. No pienses en el sistema. Piensa en nosotros.

Duo tomó una bocanada de aire temblorosa, tratando de llenar ese hueco negro que sentía en el estómago que sin duda era ansiedad . El mundo exterior era un enemigo inmenso y traidor, y por primera vez en años, la luz al final del túnel parecía haberse apagado para siempre.

Día 22: traición

La paz en la colonia L3 era, para Heero Yuy, un sistema operativo que requería vigilancia constante, no lo hacía por una verdadera necesidad sino más bien por costumbre o rutina de tener todo bajo control. Sin embargo, ni siquiera sus instintos de supervivencia lo prepararon para la notificación encriptada que recibió en su terminal privada a las 03:00 AM.

"Salgan de ahí ahora , 04"

El Gobierno Unificado de las Naciones Terrestres había emitido una orden de "recolección y reevaluación" para todos los ex-pilotos de Gundam, oficialmente, era un chequeo médico y psicológico "de rutina"; extraoficialmente, era una traición a los tratados de desmilitarización que ellos mismos habían firmado, donde además quedaba claro que ellos pasarían al anonimato.

Heero observó a Duo, que dormía plácidamente a su lado, con la trenza deshecha sobre la almohada. La idea de que el gobierno que ayudaron a instaurar ahora los viera como algo que debía ser eliminado le provocaba una náusea gélida.

-Duo, despierta -susurró Heero, activando el protocolo de borrado de datos de su ordenador y teléfonos 

-¿Mmm? Heero, son las tres... a menos que haya una invasión de pasteles, esto es ilegal -balbuceó Duo, parpadeando con pesadez, acurrucándose más en las cobijas.

- Duo, La Alianza ha reactivado los protocolos de contención... Vienen por nosotros.

Duo se sentó de golpe, la somnolencia desapareciendo instantáneamente de sus ojos violetas, reemplazada por una chispa de alerta que Heero no quería volver a ver en él.

-¿Después de todo lo que hicimos? ¿Después de sacrificarlo todo para darles su bendita paz? -la voz de Duo tembló, no de miedo, sino de una rabia contenida, miestras buscaba su ropa -. Eso es... es una puñalada por la espalda, Heero.

-Han enviado una unidad de fuerzas especiales. Estarán aquí en diez minutos -continuó Heero, entregándole a Duo una mochila con suministros de emergencia que siempre tenía lista-. Han usado nuestras frecuencias privadas para rastrearnos, seguramente esa es la razón de los problemas de comunicación que tuviste durante la tarde, solo alguien de nuestro círculo interno pudo ser capaz de filtrar nuestra ubicación.

Duo se quedó paralizado un segundo mientras se ponía las botas. La traición institucional era una cosa bastante común en sus trabajos, pero la posibilidad de que uno de sus propios compañeros hubiera entregado su posición era un dolor que no podía procesar.

-¿Crees que alguno de los chicos...? -Duo no pudo terminar la frase.

-No lo sé. Pero no podemos esperar a averiguarlo -sentenció Heero, tomando su arma y verificando el cargador-. Nuestra prioridad es salir de la colonia .

Salieron del departamento por la salida de incendios, moviéndose como sombras en una ciudad que, de repente, se sentía hostil. Mientras escuchaban las sirenas acercándose a su antiguo hogar, Duo miró hacia atrás una última vez. La traición había quemado el refugio que tanto les costó construir, recordándoles que para el mundo exterior, siempre serían herramientas de destrucción, sin importar cuánto amor guardaran en sus corazones.

-Heero -susurró Duo mientras bajaban hacia los niveles inferiores del puerto-. Si esto es el inicio una guerra de nuevo si nos quieren para luchar, esta vez no pelearé por ellos.

Heero le tomó la mano un segundo, un gesto rápido pero cargado de una promesa inquebrantable.

-Esta vez, solo pelearemos por nosotros.


Día 21: pérdida

(hola gentecilla , de aquí pa delante es como otra historia o "arco" )

Duo estaba sentado en la mesa de la cocina, sosteniendo una taza de café que ya se había enfriado. Miraba fijamente el estante donde descansaba un pequeño marco con una foto de todos ellos: Heero, Trowa, Quatre, Wufei y él, sonriendo tras el final de la guerra.

Algo se había roto ese día, pero no era un objeto, era una sensación extraña, como de pertenencia. 

Esa mañana, al intentar contactar con la red de antiguos pilotos para una reunión rutinaria, solo había encontrado estática y códigos de acceso denegados, no hubo explicaciones, solo el silencio digital de quienes ayer eran sus hermanos de armas, una premonición o tal vez un mal presagio invadió su corazón .

Duo pasó los dedos por la superficie de la mesa de madera que él mismo había ayudado a barnizar meses atrás, de repente, el departamento se sentía como un escenario de teatro al que se le estaban apagando sus luces, la seguridad de tener un hogar, la confianza en que sus sacrificios habían comprado un lugar en el mundo, se estaba desvaneciendo. 

No era la muerte lo que dolía, sino ver cómo la identidad que habían construido con tanto esfuerzo - la de hombres libres- les estaba siendo arrebatada por una burocracia invisible.

Sintió que perdía el suelo, no bajo sus pies, sino bajo su alma. El mundo les estaba robando el derecho a tener un pasado del cual estar orgullosos.


19 jul 2026

Día 19 : sanar

Sanar

El proceso de sanar no fue un evento repentino para Trowa, fue más bien como una herida de bala que cierra con puntos y paciencia , para él, sanar se parecía más a la reparación de una maquina, un trabajo paciente de limpiar, pulir  y sellar grietas que como cicatrices siempre formarían parte de la estructura.

Días después de su disculpa, Trowa se encontró en el pequeño jardín hidropónico que Quatre mantenía en la terraza del complejo donde estaban, el sol artificial de la colonia bañaba las plantas con una luz dorada tan cálida como el rubio .

—Heero dice que Duo ya está probando la motocicleta —comentó Quatre mientras podaba con cuidado unas flores blancas—. Dice que el ruido se escucha en tres sectores a la redonda.

Trowa dejó escapar una pequeña risa, un sonido que antes era casi inexistente en él.

—Duo siempre ha tenido una forma ruidosa de ser. Necesita que  todos sepan que sigue aquí.

Quatre dejó las tijeras y se acercó a él, observando cómo Trowa acariciaba la hoja de una planta con una delicadeza asombrosa.

—¿Y tú, Trowa? ¿Cómo te sientes hoy?

Trowa guardó silencio un momento, escuchando el latido tranquilo de su propio corazón. Ya no buscaba el ritmo de un temporizador de explosivos ni el zumbido de los motores de combate.

—Creo que finalmente he empezado a sanar de verdad —confesó, mirando a Quatre—. Durante años, pensé que mi único propósito era ser una herramienta, que las cicatrices eran mi única identidad verdadera , pero ahora entiendo que sanar no es olvidar lo que fuimos, sino elegir en qué nos convertiremos.

Quatre tomó su mano y la entrelazó con la suya.

—Nos convertiremos en personas que pueden ver el amanecer sin buscar enemigos por todas partes.

—Sí —asintió Trowa—. He descubierto que ver cómo crecen estas plantas, o escuchar las melodías de tu violín, tiene un poder para sanar que ningún médico militar podría explicar. He dejado de ser el "piloto de pruebas" de mi propia vida para empezar a vivirla.

En ese momento, la paz no era solo la ausencia de guerra, sino la presencia de esperanza. Trowa entendió que sanar era el acto de rebeldía más grande que podía cometer contra el destino que le habían impuesto.

Ya no era un soldado esperando la próxima misión , era un hombre que amaba y era amado, un hombre cuyas manos ahora se usaban para sostener y para proteger la vida que tanto le había costado alcanzar.

El círculo se había cerrado, el odio se había ido, la disculpa había sido aceptada y el alma de Trowa, por fin, estaba en paz.



18 jul 2026

Día 18 : disculpa

Disculpa

Para Trowa Barton, las palabras siempre habían sido como munición,  debían usarse con moderación y solo cuando el objetivo fuera claro, sin embargo, había una palabra que se le quedaba atascada en la garganta como un mecanismo encasquillado, la disculpa.

​Habían pasado semanas desde que el incidente con el sistema ZERO de Quatre quedó en el pasado, pero el silencio de Trowa se había vuelto más denso, no era por falta de afecto, sino por una culpa silenciosa que le carcomía.  él se culpaba por no haber llegado antes para evitar que el alma de Quatre se fragmentara bajo el peso del odio.

​Una noche, mientras Quatre afinaba su violín en el salón iluminado por la luz de las estrellas, Trowa se quedó observándolo desde las sombras del pasillo.

​—Sé que estás ahí, Trowa —dijo Quatre suavemente, sin dejar su tarea—. Puedo sentir tu tristeza... es... abrumadora, necesitas hablar de algo ?

​Trowa dio un paso al frente. Sus manos, que podían ensamblar un rifle en la oscuridad total, temblaron apenas un milímetro.

​—Quatre —comenzó, su voz más baja de lo habitual—. Nunca te ofrecí una disculpa.

​Quatre dejó el arco sobre la mesa y se giró, confundido.

—¿Una disculpa ... por qué? Tú me salvaste Trowa, arriesgaste tu vida para traerme de vuelta cuando yo estaba perdido en la oscuridad de mi propia locura.

​—Precisamente por eso —respondió Trowa, acercándose hasta quedar frente a él—. Me pido una disculpa a mí mismo por haber permitido que llegaras a ese punto y te la pido a ti por no haber sido la paz que necesitabas antes de que estallaras. Como soldado, fallé en proteger lo más valioso que tenía, y en ese momento aún no aceptaba... a ti.

​Quatre se puso de pie, conmovido por la honestidad brutal de aquel hombre que rara vez mostraba lo que había en su interior. Tomó las manos de Trowa llevándolas hasta su propio corazón.

​—Una disculpa no es necesaria cuando hubo amor en cada una de tus acciones aunque en ese momento aún no lo sabías —murmuró Quatre—. El dolor que pasamos no fue tu culpa, fue el precio que debimos pagar por la libertad... No cargues con el perdón de algo que ya fue sanado por tu amor, por nuestro amor.

​Trowa cerró los ojos, dejando que la tensión que había cargado en sus hombros durante meses finalmente se disolviera. Aceptar que no podía controlarlo todo, incluso el dolor de la persona que amaba, era su última lección.

​—Aun así —insistió Trowa, abriendo los ojos para mirar a Quatre con una devoción absoluta—, quería que lo escucharas, no como un informe, más bien como una persona cualquiera lo siento, Quatre.

​Quatre sonrió y en ese momento, la disculpa dejó de ser una carga para convertirse en el puente final hacia una paz sin fisuras, se abrazaron en medio de la habitación, entendiendo que, a veces, pedir perdón no es admitir una derrota,  liberar el corazón para que pueda seguir amando sin sombras.


17 jul 2026

dia 17 odio

 Odio

 

En la quietud de su hogar actual, Quatre solía tocar su violín para alejar los fantasmas del pasado, pero esa noche, sus dedos se detuvieron sobre las cuerdas  al ver a Trowa limpiar sus cuchillos de combate por pura inercia.

 

El silencio entre ellos no era el habitual de paz, estaba cargado con el peso de un recuerdo compartido que ambos evitaban, la época en que el odio era su único motor.

 

​—¿Todavía lo sientes, Trowa? —preguntó Quatre, su voz apenas un susurro que rompió la tensión de la sala.

 

​Trowa dejó el cuchillo sobre el paño blanco, no necesitó preguntar a qué se refería, sus mentes estaban conectadas por una red de batallas y tragedias que nadie más podía entender.

 

​—El odio no desaparece, Quatre. Solo se entierra —respondió Trowa con su característica frialdad, aunque sus ojos buscaban los del rubio—. Recuerdo el día que destruiste aquella colonia con el sistema ZERO. Sentí un odio profundo... no hacia ti, sino hacia el universo que obligó a alguien tan puro a convertirse en un monstruo.

 

​Quatre bajó la mirada hacia sus manos, aún podía sentir el eco de la locura que lo invadió cuando su padre murió, en aquel entonces, el odio lo cegó, una fuerza destructiva que lo llevó a apretar el gatillo contra todo lo que amaba.

 

​—Yo odiaba todo —confesó Quatre, con una lágrima traicionera surcando su mejilla—. Odiaba la guerra, odiaba a la Alianza, y por un momento, me odié a mí mismo tanto que quería que el espacio se tragara mi existencia...el odio era lo único que me mantenía despierto, lo único que me daba fuerzas para seguir pilotando.

 

​Trowa se levantó y caminó hacia la ventana donde el rubio se encontraba , puso una mano sobre el hombro de Quatre, sintiendo el leve temblor del joven.

 

​—Ese odio casi nos destruye a ambos —dijo Trowa, obligando a Quatre a soltar su violín para abrazarlo—. Pero fue ese mismo sentimiento el que nos hizo reconocer el vacío en el otro, aprendimos que el odio es un fuego que consume al que lo porta, y que la única forma de apagarlo era dejar que alguien más compartiera la carga.

 

​Quatre hundió el rostro en el pecho de Trowa, aferrándose a su suéter recordó el momento en la guerra en que Trowa se interpuso en su camino para detener su locura, arriesgando su propia vida, fue el sacrificio de Trowa lo que transformó el odio de Quatre en un dolor sanador que  finalmente se transformó en amor.

 

​—A veces temo que el mundo vuelva a darnos razones para odiar —murmuró Quatre contra su pecho.

 

​Trowa lo apretó con más fuerza, su mirada fija en el horizonte estrellado tras la ventana.

 

​—Si el mundo nos devuelve al odio, lo enfrentaremos juntos —sentenció Trowa—. Porque ahora sé que incluso en medio del odio más puro, existe la posibilidad de encontrar un refugio... Tú eres mi refugio, Quatre.

 

​El violín permaneció en silencio el resto de la noche, el odio seguía ahí, en las cicatrices de sus cuerpos y en las sombras de sus memorias, pero ya no tenía poder sobre ellos.

 

Habían convertido las cenizas de su pasado en los cimientos de un futuro donde el único sentimiento que reinaba era la gratitud de haber sobrevivido a sí mismos.

16 jul 2026

dia 16 objetivo

 

Obejetivo

La mañana del cumpleaños comenzó con una precisión que solo Heero Yuy podría ejecutar, la luz artificial de la colonia se filtraba suavemente por la ventana, Heero ya estaba despierto, no hubo alarmas ruidosas, solo el aroma de unos panqueques recién hechos y el café favorito de Duo invadiendo la habitación.

—Feliz cumpleaños, Duo —susurró Heero cuando el castaño comenzó a estirarse, desorientado.

Duo abrió los ojos y, al ver la bandeja de desayuno y la expresión extrañamente suave de Heero, soltó una carcajada llena de deleite.

—¿Heero? ¿Tú cocinando sin que nada haya explotado? Definitivamente es un milagro de cumpleaños —bromeó Duo, sentándose de un salto.

Pero eso era solo el inicio, durante el resto del día, Heero guió a Duo a través de una serie de eventos que parecían casuales pero estaban fríamente cronometrados, visitaron el parque botánico de la colonia cuando la luz era perfecta, almorzaron en ese pequeño restaurante italiano que Duo siempre miraba de lejos y no hubo ni rastro de Wufei o misiones de último minuto.

Heero había "neutralizado" cualquier distracción externa con días de antelación.

Al caer la noche, Heero llevó a Duo al pequeño almacén secreto que había alquilado cerca del puerto espacial.

—Heero, si esto es una trampa de entrenamiento, juro que voy a... —Duo se interrumpió al entrar.

El lugar estaba decorado con una sencillez elegante, iluminado por luces cálidas que daban un encanto especial al frío metal, en el centro, había una mesa para dos con los platos que Heero había aprendido a preparar en secreto, pero el verdadero regalo estaba al fondo, cubierto por una lona.

Heero retiro la lona y debajo  descansaba una motocicleta antigua, restaurada a mano por él mismo, no era una máquina de guerra, sino un vehículo diseñado para la libertad,

Duo se quedó sin palabras, sus dedos recorrieron el metal pulido, sintiendo el esfuerzo  que Heero había puesto en cada tornillo.

—Heero... esto es... no tengo palabras —susurró Duo, lanzándose a sus brazos.

Heero lo sostuvo con fuerza, sintiendo el latido acelerado de Duo contra su pecho.

En su mente, una pantalla imaginaria repasó los parámetros de la misión:

*Bienestar del sujeto: Óptimo.

*Sorpresa: Ejecutada con éxito.

*Vínculo emocional: Reforzado.

Mientras Duo lo besaba con una pasión renovada, Heero cerró los ojos y, por primera vez en su vida, se permitió sentir una satisfacción que no venía de una batalla ganada, sino de una vida compartida.

*Objetivo de la misión: Cumplido al 100%.

15 jul 2026

día 15 encantó

Si Duo era el estrépito de una tormenta y Heero el rayo que la cruzaba, Quatre y Trowa eran la calma que quedaba después de la lluvia. En el apartamento de los Winner, la palabra encanto no se usaba para describir algo superficial; era la definición misma de su convivencia.

Trowa se encontraba sentado frente al ventanal, observando las luces de la colonia con esa expresión imperturbable que solía alejar a los extraños. Sin embargo, cuando Quatre entró en la habitación llevando dos tazas de té, el rostro de Trowa se suavizó de una manera casi imperceptible para cualquiera que no fuera el joven de cabellos dorados.

-Te has quedado absorto de nuevo, Trowa -dijo Quatre con una sonrisa suave, dejando el té sobre la mesa.

Trowa lo miró y, por un segundo, se permitió perderse en el encanto de los ojos azul cielo de su compañero. Quatre tenía esa capacidad innata de suavizar los bordes afilados del mundo de un soldado.

-Solo pensaba en lo mucho que ha cambiado todo -respondió Trowa con su voz pausada-. Hubo un tiempo en que el único encanto que encontraba en la vida era el riesgo de una misión o la precisión de un disparo. Ahora...

Hizo una pausa, extendiendo su mano para que Quatre la tomara. El contacto fue ligero, pero cargado de una electricidad reconfortante.

-Ahora el encanto reside en estas pequeñas cosas -continuó Trowa-. En el sonido de tu violín por las mañanas, en la forma en que cuidas de todos nosotros, incluso cuando no te lo pedimos. Tienes un encanto que me hace olvidar que alguna vez fuimos armas de guerra.

Quatre se sonrojó ligeramente, sentándose a su lado en el sofá. Para él, el encanto de Trowa no residía en su misterio, sino en su gran lealtad . Trowa era un hombre de pocas palabras, pero sus acciones lo decían todo.

-A veces me asusta que este encanto se rompa -confesó Quatre, apoyando la cabeza en el hombro del más alto-. Que el mundo exterior decida iniciar una nueva guerra donde debamos actuar nuevamente.

Trowa pasó un brazo alrededor de la cintura del rubio, atrayéndolo hacia sí.

-No dejaré que pase, Quatre. Hemos luchado lo suficiente para ganar este derecho. El encanto de nuestra paz es mi prioridad ahora. Si alguien intenta arrebatárnoslo, descubrirán que el soldado que fui sigue aquí, solo que ahora tiene una razón real para pelear.

Se quedaron así, en un silencio cómodo que no necesitaba ser llenado, su relación no necesitaba de grandes gestos ni de declaraciones ruidosas, se alimentaba de la comprensión mutua, de la paz que solo dos almas que han visto el horror pueden apreciar verdaderamente cuando encuentran el amor.




14 jul 2026

dia 14 daño

 

Daño

 

Hubo un tiempo en que la palabra daño no era una abstracción emocional para Heero y Duo, era más bien una medida estadística. En la cabina del Wing y del Deathscythe, el daño se calculaba en porcentajes de blindaje perdido, en litros de combustible derramado, pero el daño más profundo era el que no aparecía en los monitores.

 

Sucedió después de una de sus incontables batallas, Duo había regresado a la base secreta con el hombro dislocado y la mirada inusualmente apagada. Heero lo encontró en el hangar, intentando vendarse solo con manos temblorosas.

 

-Déjame -dijo Heero, arrebatándole la venda con una brusquedad que ocultaba una urgencia desesperada por ayudar.

 

-Es solo un rasguño, Heero. He sufrido más daño cayéndome de un árbol de pequeño -intentó bromear Duo, pero la risa se transformó en un gemido de dolor cuando Heero aplicó presión.

 

Heero se detuvo, sus ojos azules se clavaron en los de Duo en aquel entonces, Heero no sabía cómo consolar, solo sabía como matar, para él, Duo era la única pieza de ese mundo caótico que valía la pena mantener intacta lo más posible.  verlo herido le provocaba una sensación de cortocircuito interno que no sabía nombrar o explicar.

 

-El daño físico se cura -sentenció Heero, su voz vibrando con una intensidad contenida- pero te estás rompiendo por dentro. Duo, tu tasa de error en combate ha subido un 15%, estás dejando que la guerra te haga un daño que no puedo reparar con herramientas.

 

Duo bajó la cabeza, dejando que su larga trenza despeinada cayera sobre su hombro.

 

-¿Y tú no, Heero? Te tratas como si fueras una máquina desechable. Te lanzas al peligro como si no importara cuánto daño reciba tu cuerpo, me aterra que un día te rompas tanto que no quede nada de ti para que yo pueda encontrarlo.

 

En ese momento, en la penumbra del hangar, ambos comprendieron que se estaban haciendo daño mutuamente de la forma más suave posible, preocupándose el uno por el otro en un mundo que les exigía ser despiadados.

 

Cada herida de Heero era un golpe al corazón de Duo, y cada lágrima contenida de Duo era un fallo en el sistema operativo de Heero.

 

-Prométeme algo -susurró Duo, rompiendo el silencio- prométeme que, si sobrevivimos a esto, dejaremos de hacernos tanto daño, que buscaremos una vida donde las cicatrices solo sean recuerdos, no heridas abiertas.

 

Heero no prometió nada con palabras, pues los soldados no hacían promesas que el destino podía romper. En su lugar, terminó de vendar a Duo con una delicadeza que contradecía su entrenamiento, asegurándose de que cada nudo fuera firme.

 

Ese fue el día en que Heero entendió que su misión no era solo ganar la guerra, sino minimizar el daño en el alma del chico de la trenza. Años después, mientras preparaba el regalo de cumpleaños de Duo, Heero todavía recordaba aquel hangar y agradecía que, por fin, el único daño que existía entre ellos era el miedo irracional a la ausencia, un dolor que solo el amor era capaz de sanar.

 

Encanto

Si Duo era el estrépito de una tormenta y Heero el rayo que la cruzaba, Quatre y Trowa eran la calma que quedaba después de la lluvia. En el apartamento de los Winner, la palabra encanto no se usaba para describir algo superficial; era la definición misma de su convivencia.

 

​Trowa se encontraba sentado frente al ventanal, observando las luces de la colonia con esa expresión imperturbable que solía alejar a los extraños. Sin embargo, cuando Quatre entró en la habitación llevando dos tazas de té, el rostro de Trowa se suavizó de una manera casi imperceptible para cualquiera que no fuera el joven de cabellos dorados.

 

​-Te has quedado absorto de nuevo, Trowa -dijo Quatre con una sonrisa suave, dejando el té sobre la mesa.

 

​Trowa lo miró y, por un segundo, se permitió perderse en el encanto de los ojos azul cielo de su compañero. Quatre tenía esa capacidad innata de suavizar los bordes afilados del mundo de un soldado.

 

​-Solo pensaba en lo mucho que ha cambiado todo -respondió Trowa con su voz pausada-. Hubo un tiempo en que el único encanto que encontraba en la vida era el riesgo de una misión o la precisión de un disparo. Ahora...

 

​Hizo una pausa, extendiendo su mano para que Quatre la tomara. El contacto fue ligero, pero cargado de una electricidad reconfortante.

 

​-Ahora el encanto reside en estas pequeñas cosas -continuó Trowa-. En el sonido de tu violín por las mañanas, en la forma en que cuidas de todos nosotros, incluso cuando no te lo pedimos. Tienes un encanto que me hace olvidar que alguna vez fuimos armas de guerra.

 

​Quatre se sonrojó ligeramente, sentándose a su lado en el sofá. Para él, el encanto de Trowa no residía en su misterio, sino en su gran lealtad . Trowa era un hombre de pocas palabras, pero sus acciones lo decían todo.

 

​-A veces me asusta que este encanto se rompa -confesó Quatre, apoyando la cabeza en el hombro del más alto-. Que el mundo exterior decida iniciar una nueva guerra donde debamos actuar nuevamente.

 

​Trowa pasó un brazo alrededor de la cintura del rubio, atrayéndolo hacia sí.

 

​-No dejaré que pase, Quatre. Hemos luchado lo suficiente para ganar este derecho. El encanto de nuestra paz es mi prioridad ahora. Si alguien intenta arrebatárnoslo, descubrirán que el soldado que fui sigue aquí, solo que ahora tiene una razón real para pelear.

 

​Se quedaron así, en un silencio cómodo que no necesitaba ser llenado, su relación no necesitaba de grandes gestos ni de declaraciones ruidosas, se alimentaba de la comprensión mutua,  de la paz que solo dos almas que han visto el horror pueden apreciar verdaderamente cuando encuentran el amor.

 

13 jul 2026

dia 13 envidia

 

Envidia

Para Heero, el tiempo siempre había sido una magnitud física, algo que se medía en segundos para la detonación o en minutos para la llegada de un transbordador, pero los días previos al cumpleaños de Duo, el tiempo se transformó en un veneno lento.

 

Sus jefes habían asignado a Duo y a Wufei una misión de reconocimiento en los niveles inferiores en L5.

 

Requería horas de preparación técnica, simulacros de infiltración y turnos de vigilancia que se extendían hasta la madrugada. Mientras Heero se quedaba en el departamento, un sentimiento amargo comenzaba a corroer su disciplina.

 

Era envidia.

 

No era envidia por la misión en sí -Heero había realizado cientos de ellas-, sino por la proximidad. Wufei tenía acceso al tiempo de Duo, a sus bromas constantes bajo la presión del trabajo, incluso a sus quejas constantes por cualquier cosa.

 

Una tarde, mientras Heero revisaba unos informes de balística, vio a los dos regresar, venían discutiendo, como siempre, Wufei con su semblante severo y Duo moviendo las manos con entusiasmo, rozando accidentalmente el hombro del piloto del Altron mientras reía.

 

Heero apretó el bolígrafo con tanta fuerza que el plástico crujió.

 

-Llegas tarde -dijo Heero cuando Duo finalmente entró al departamento, dos horas después de lo previsto. Su voz sonó más fría de lo que pretendía, un mecanismo de defensa automático.

 

-¡Lo siento, Heero! Wufei es un perfeccionista insufrible. Nos hizo repetir el protocolo de cierre tres veces porque decía que mi técnica era "descuidada" -Duo se dejó caer en el sofá, exhausto- Mañana tenemos que estar en el hangar a las seis de la mañana .

 

Heero no respondió de inmediato. La imagen de Wufei y Duo compartiendo esas horas de soledad profesional le provocaba una punzada de irritación.

 

Él debería estar allí. Él debería ser quien escuchara las quejas de Duo sobre los protocolos.

 

-Wufei es eficiente -logró decir Heero - Pero podrías haber solicitado un relevo de trabajo por motivos de descanso.

 

Duo lo miró con curiosidad, una pequeña sonrisa formándose en sus labios.

 

-Vaya... ¿el soldado perfecto está sugiriendo que me salte el reglamento? ¿O es que extrañas a tu compañero de piso?

 

Heero desvió la mirada hacia la ventana. No podía admitir que sentía envidia de la libertad de Wufei para estar cerca de él sin tener que esconderse tras una "misión secreta" de cumpleaños. Se sentía estúpido compitiendo por la atención de Duo con uno de sus camaradas más antiguos, pero el sentimiento estaba ahí, palpitando bajo su piel.

 

-Solo me aseguro de que estés en condiciones óptimas para... tus deberes -mintió Heero.

 

Duo se levantó y se acercó a él, rodeando su cuello con los brazos por la espalda.

 

-Tranquilo, Heero. Wufei es solo un bloque de hielo con un manual de justicia bajo el brazo. Tú eres el único que me quita el sueño -le susurró al oído, besando su mejilla.

 

Ese pequeño gesto calmó el incendio de la envidia por un momento, pero Heero sabía que tendría que soportar un día más de esa separación forzada.

 

Mientras Duo se iba a duchar, Heero volvió a sus notas de cumpleaños. Si Wufei tenía el tiempo de Duo ahora, Heero se aseguraría de que el futuro, empezando por su día especial, le perteneciera solo a ellos dos.

 

12 jul 2026

dia 12 misión

 

Para el ex soldado perfecto , el concepto de "celebración" siempre había sido una variable irrelevante en su vida, sin embargo, desde que cierto trenzado se había convertido en el centro de su universo, las prioridades habían cambiado drásticamente, con el cumpleaños de Duo a la vuelta de la esquina, Heero se impuso una nueva misión , organizar el mejor cumpleaños perfecto, sin que el experto en infiltración que tenía por novio sospechara absolutamente nada.

 

Heero comenzó su fase de reconocimiento, durante días, observó a Duo con una intensidad que habría puesto nervioso a cualquier enemigo, pero que Duo simplemente interpretaba como uno de los "momentos intensos" del mayor.

 

Anotaba mentalmente cada detalle, si Duo se quedaba mirando un escaparate más de tres segundos, Heero registraba el objeto, si Duo mencionaba de pasada que extrañaba algún sabor de la Tierra, Heero iniciaba una búsqueda en la red de suministros de la colonia.

 

—¿Heero? ¿Por qué estás mirando mi historial de navegación con esa cara de estar descifrando códigos de seguridad de la Alianza? —preguntó Duo una tarde, asomándose por encima de su hombro.

 

Heero cerró la pestaña del ordenador con una velocidad sobrehumana.

 

—Análisis de datos de mantenimiento —mintió sin pestañear, aunque por dentro su pulso se aceleró ligeramente, una mentira para proteger la sorpresa no se sentía como una mentira era una necesidad estratégica para su misión .

 

Incluso llegó a contactar con Quatre, bajo estricto protocolo de silencio.

 

—Quatre, necesito una lista de los objetos que Duo ha mencionado desear en los últimos seis meses —dijo Heero a través de una línea encriptada por el mismo.

 

—¿Heero? ¿Estás planeando su cumpleaños? ¡Qué detalle tan dulce! —la voz de Quatre sonaba entusiasmada.

 

—Es una misión, Quatre. No lo hagas sonar como algo sentimental —replicó Heero, aunque el ligero tinte rosado en sus orejas decía lo contrario— Necesito precisión, no entusiasmo.

 

A pesar de su fachada de frialdad, Heero disfrutaba del proceso. Había algo profundamente satisfactorio en dedicar su mente analítica a la felicidad de Duo. Se pasaba las noches, mientras Duo dormía profundamente tras el agotamiento de sus turnos en la oficina, revisando catálogos de piezas para naves o ropa técnica, algo que lo hiciera sentir que, sin importar cuántas cosas hubiera perdido en el pasado, este hogar a su lado era definitivo.

 

Sin ser descubierto, Heero iba armando el rompecabezas donde cada pieza tenía un espacio importante

 

Duo, por su parte, solo notaba que su compañero estaba un poco más distraído y que, extrañamente, siempre parecía estar un paso por delante de sus antojos. No sabía que el "soldado perfecto" estaba librando la batalla más importante de su vida: la lucha contra su propia naturaleza reservada para demostrarle, a través de un regalo, que su amor era tan grande como el espacio que los rodeaba.