31 jul 2026

Día 31: felicidad

Para 05:

Es extraño escribir estas líneas después de tanto tiempo. Hace años, nuestras manos solo conocían el peso del acero y el frío de nuestras cabinas, ahora, mientras escribo esto, mis manos están manchadas de tierra, ásperas por el trabajo, el aroma que inunda este lugar no es el de los circuitos quemados ni el de la pólvora sino el del café recién hecho de la mañana y el de una comida caliente por las noches frías.

Te escribo para decirte que hemos encontrado algo que no creíamos posible, el silencio, no ese silencio tenso que precede a una batalla, sino uno lleno de paz y tranquilidad.

Después de varios meses de nuestro reencuentro con nuestros queridos 01 y 02 decidimos acentarnos a vivir en un valle donde los únicos sensores que importan son los cambios de estación y el ritmo de la cosecha.

Tras mucho insistir de 02 , vivimos en una granja, dónde el tiempo no se nos escapa entre las prisas de la Alianza ni se nos agota en misiones suicidas. 

01, 03, 02 y yo hemos aprendido a existir sin una orden que cumplir .

01 se ha convertido en alguien que sabe disfrutar de una tarde sin mirar constantemente al horizonte buscando enemigos, su mirada ha cambiado, antes afilada, ahora se pierde con calma en los árboles o en los ojos de 02.  Por otro lado, 02 sigue siendo el de siempre, llenando la casa con una risa que ya no necesita esconderse, y 03... parece haber encontrado, por fin, el lugar donde sus sombras no le persiguen, sino que simplemente descansan con él, eso me tranquiliza de sobre manera.

Te cuento esto no para presumir de nuestra suerte, sino para decirte que la felicidad no es la gloria que buscamos en el campo de batalla, es mucho más simple que eso, es esto, sentarse a una mesa a compartir el pan al final de un día de trabajo, sabiendo que mañana no nos obligarán a quemar el mundo cada vez que un político se sienta amenazado.

La paz que tanto nos costó comprar resultó ser más sencilla, más pequeña y a su vez , infinitamente más grande de lo que imaginamos en especial para nuestras propias vidas.

Te echamos de menos, en especial 02, después de convencer a 01 y esperar un tiempo prudente decidimos buscar de nuevo el contacto contigo de esta manera tan tradicional.

Aquí siempre habrá un lugar en la mesa y un espacio bajo este inmenso cielo azul que, por fin, nos pertenece, si alguna vez el peso de tu propia justicia se vuelve demasiado pesado, recuerda que aquí hay un hogar donde el pasado no tiene permiso para entrar y que siempre te recibirá con los brazos abiertos.

Vive 05, ese es el único deber que nos queda para con nosotros mismos

Con aprecio, quien te quiere como un hermano 

04

29 jul 2026

día 30 secreto

En un pequeño pueblo costero, lejos de los grandes centros tecnológicos , la vida transcurría con una lentitud sanadora. 

Un hombre de mirada intensa y pocas palabras, que ahora se hacía llamar Odin, trabajaba en un taller de reparaciones mecánicas junto a su esposo un joven de risa fácil, mirada amatista y cabello largo hasta los hombros, recogido en una coleta sencilla, conocido por todos como Hades, servía bebidas en la taberna local.

Llevaban meses bajo esas pieles nuevas, habían enterrado sus nombres reales en el vacío del espacio, cubriendo sus rastros con una red de datos falsos que ni siquiera el sistema ZERO podría desentrañar, pero vivir en la penumbra tiene un precio, el aislamiento de todo lo que alguna vez amaron, sus amigos que consideraban familia.

Una tarde, mientras el televisor de la taberna escupía noticias ruidosas, Duo -o Hades- se quedó petrificado con una bandeja en la mano.

"Fuentes oficiales confirman que los restos hallados en el cañón de medio oriente pertenecen a la nave de los fugitivos Quatre Winner y Trowa Barton ambos terroristas ex pilotos de Gundams. No hubo supervivientes."

La bandeja que Duo sostenía resbaló, astillándose contra el suelo de madera, el sonido fue un eco de su propio corazón rompiéndose, Heero que estaba sentado en una esquina sombría, alzó la vista. Sus ojos se encontraron y en ese silencio compartido, el peso de la noticia los golpeó como una onda de choque.

Habían llegado a la Tierra buscando seguridad, solo para descubrir que el mundo se había vuelto un lugar mucho más solitario.

Pasaron semanas de un duelo silencioso, cargando con la verdad de una pérdida que no podían gritar a nadie. Sin embargo la mente de Heero era más rápida que su conciencia, y algunos habitos nunca cambian buscando información del accidente de sus amigos notó algo extraño en los informes técnicos de la zona del desastre que circulaban en las redes de contrabando, un detalle que solo un piloto de su calibre detectaría, el ángulo del impacto no coincidía con una caída accidental.

Siguiendo una corazonada que desafiaba toda lógica, se prepararon para viajar hacia el desierto, se movieron como fantasmas, evitando las patrullas, guiados por una señal encriptada que parecía un susurro en la estática de la radio. 

Llegaron a una vieja construcción de adobe y paja oculta por las dunas y los espejismo producidos por el calor.
Al entrar, la oscuridad los recibió con el aroma a tierra y té de menta. Una figura alta, con el cabello cubriendo parte de su rostro, emergió de la penumbra apuntando los con un arma.

-Han tardado mucho en rastrear este secreto -dijo Trowa, bajando el arma al reconocer los ojos azules de Heero.

Detrás de él, Quatre apareció con una sonrisa débil pero llena de alivio , no hubo grandes exclamaciones dentro de ese refugio olvidado por Dios, los cuatro se miraron, reconociendo en los otros las mismas cicatrices y el mismo alivio de los que han regresado de la tumba.

-Pensamos que... -Duo no pudo terminar, su voz quebrándose mientras abrazaba a Quatre.

-Teníamos que dejar que el mundo creyera la mentira para poder proteger la verdad -respondió Quatre en un susurro-. Ahora, todos somos parte de lo mismo.

En esa habitación polvorienta, rodeados por el desierto, entendieron que su mayor triunfo no fue ganar la guerra, sino haber logrado que sus vidas fueran el único secreto que la Alianza nunca podrá descifrar. 

Ya no eran cinco pilotos de Gundam, eran cuatro sombras que, por fin habían encontrado la paz en el único lugar donde nadie los buscaría: entre los vivos que el mundo dio por muertos.


día 29 muerte

El descenso a través de la atmósfera fue un infierno de fricción y metal caliente, la nave dañada por los disparos de los interceptores en la órbita alta, caía como una estrella herida hacia los cañones de lo que antes fue el Oriente Medio, dentro de la cabina, el aire se estaba agotando, reemplazado por un frío sepulcral que parecía emanar de las propias consolas que morían una a una.

-Trowa, el radar indica que están sobre nosotros -dijo Quatre, su voz extrañamente calmada, envuelta en esa paz que solo llega cuando se acepta el final del camino.

Trowa no miró las pantallas. Sus ojos estaban fijos en el abismo que se abría frente a ellos, una garganta de piedra y sombras donde el viento aullaba como un lamento. 

Sabía que la Alianza no se detendría hasta ver cenizas, para el mundo, los pilotos de Gundam eran leyendas, y las leyendas solo son seguras cuando están tres metros bajo tierra.

-Es el momento -susurró Trowa.

No hubo una despedida dramática , en ese espacio confinado, rodeados por el olor a metal quemado era el fin de todas las cosas, se tomaron de la mano, la sensación que los rodeaba era de una quietud absoluta, como si el tiempo se hubiera detenido justo antes del impacto, la persecución los había llevado al límite de la existencia, al punto donde la luz se apaga y solo queda el vacío.

Desde el cielo, los pilotos de la Alianza observaron cómo la nave se estrellaba contra el lecho rocoso del cañón, la explosión era una flor de fuego naranja y negro que iluminó las paredes de piedra, seguida por un derrumbe masivo que sepultó los restos bajo toneladas de granito, en las frecuencias de radio, solo quedó la estática, no hubo señales de vida, ni transmisiones de emergencia. Solo un silencio denso, pesado, definitivo.

-Objetivos eliminados -informó el comandante de la unidad por el canal oficial.

Sin embargo, en la profundidad de una cueva natural oculta por el humo y el caos del derrumbe, dos figuras emergieron de las sombras, estaban cubiertas de polvo y ceniza, sus ropas desgarradas, pero sus corazones latían con una fuerza renovada.

Habían dejado atrás sus nombres, sus rangos y sus pesadillas en aquel incendio. Para el sistema, Quatre Winner y Trowa Barton habían dejado de respirar bajo los escombros.

Quatre miró hacia la boca de la cueva, donde el humo empezaba a disiparse, revelando un cielo terrestre inmenso y ajeno. Se sentía ligero, como si el peso de su propia historia se hubiera quemado en la explosión.

-Se acabó, Trowa -murmuró, sintiendo que el frío del final había sido reemplazado por el calor de un nuevo comienzo.

Trowa asintió, ajustándose la mochila con suministros que habían logrado sacar antes del impacto controlado, ya no eran piezas de ajedrez en un tablero político, ahora eran solo dos hombres caminando hacia el horizonte de un mundo que ya no los buscaba, habían cruzado el umbral de lo irreversible para encontrar, en ese silencio absoluto, la libertad que solo se encuentra cuando se ha perdido todo.