20 sept 2026

El lenguaje de las flores - Cap 1


Cap 1 Amor secreto

​El silencio era una constante permanente en su vida, siempre había sido el refugio más seguro para Trowa.

 En un mundo desgastado por la guerra, el estruendo imparable de los motores de las colonias y el recuerdo amargo de cada una de las batallas en las que había sido parte alguna vez, la tranquilidad armoniosa que rodeaba a Quatre era lo único capaz de silenciar el ruido persistente en su cabeza. No hacían falta discursos solemnes ni confesiones improvisadas para él, bastaba simplemente con observar desde un rincón, discreto como si fuese un mueble más de la decoración de la casa, ver como la calidez con la que el joven de cabello dorado inundaba de luz y tranquilidad a cualquier espacio donde el estuviera.

​Aquella tarde, en el taller de los Maganac estaba sumido en una penumbra dorada propia del atardecer, entre el aroma a aceite de máquina , combustible y madera gastada, Trowa terminaba de limpiar  sus herramientas con una calma metódica, casi ritual, de la bolsa interior de su chaqueta extrajo una pequeña ramita de acacia silvestre que había recogido horas antes.

 Los diminutos pompones amarillos, esponjosos y encendidos como chispas de sol, resaltaban con una belleza simple contra la severidad de sus manos curtidas por las batallas, aquel no era un gesto casual, para el piloto del Heavyarms ese pequeño racimo albergaba una verdad cuidadosamente resguardada, como una corriente de agua suave, no buscaba alterar la paz de Quatre, sino rendirle un tributo silencioso a la persona que se había transformado en la más importante de su vida.

​Con pasos imperceptibles como un ladrón, se acercó al piano de cola donde Quatre solía refugiarse al terminar alguna jornada pesada o particularmente desgastante.

 Depositó la ramita sobre el marfil frío de las gastadas teclas.  guardar en la penumbra lo que nacía en su pecho y crecía día con día, no se sentía como una prisión o algo malo por ocultarlo, sino como la única forma que conocía para poder proteger aquel sentimiento cálido, libre del juicio de la sociedad y de las exigencias del resto del mundo.

 Desear en la quietud de la penumbra era su manera de cuidar aquel sentimiento.

​El crujido inesperado de la puerta abriéndose lo obligó a replegarse a la sombra del pasillo.  Quatre entró cargando la fatiga del día, reparaciones de los gundams, planes de acción y sus propios problemas familiares, se detuvo al instante, sus ojos de aguamarina se fijaron en el destello dorado sobre su viejo piano.   Con la punta de sus dedos rozó con extrema delicadeza  los diminutos pompones amarillos, una sonrisa cálida, cargada por aquella intuición que nunca le fallaba iluminó su rostro.

 Acunó con delicadeza la rama contra su pecho palpitante, antes de mirar hacia la oscuridad del pasaje donde Trowa permanecía inmóvil, espectante.

 En la quietud de la noche, el perfume sutil de las flores sellaba un pacto que no necesitaba de más palabras, el primer trazo de un mapa que solo dos almas pacientes sabrían descifrar.

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