Capitulo 2 coquetería
En el pequeño patio del refugio donde se encontraban, entre las hierbas y montes, los lirios habían abierto sus cálices* anaranjados al sol, eran flores luminosas, imposibles de pasar por alto, nacidas para llamar la atención de forma exclusiva, con descaro durante las pocas horas que duraba su floración antes de desvanecerse al atardecer, el color vivo y cálido de los pétalos era una rebelión tormentosa contra la monotonía gris en la que Trowa solía refugiarse del mundo.
Quatre cortó uno de los tallos más vistosos con sumo cuidado.
Cuando cruzó el umbral del taller, el tintineo de las herramientas y el aroma a café recién preparado confirmó que Trowa ya llevaba varias horas despierto, el piloto estaba inclinado sobre la mesa de trabajo, concentrado en el ensamblaje de una pieza mecánica, con la sombra de su habitual reserva cubriéndole parte del rostro rostro como una máscara impenetrable.
En lugar de mantener la distancia prudente de siempre, el rubio avanzó con pasos amortiguados pero firmes, se inclinó sobre el espacio de Trowa, invadiendo su campo de visión sin pedir permiso, con un gesto deliberadamente pausado, deslizó el lirio directamente sobre los esquemas técnicos y herramientas que el piloto estaba usando, haciendo que uno de los aterciopelados pétalos rozara la mano curtida de Trowa.
Al sentir el contacto sedoso de los pétalos junto con la breve fricción de los dedos del rubio contra los suyos, el mayor se congeló, más bien le causaron un corto-circuito en sus emociones quedando la llave inglesa en su mano inmóvil.
Quatre apoyó el codo sobre la mesa y descansó la barbilla en la palma de una de sus manos, inclinando ligeramente la cabeza. Sus ojos aguamarina sostenían la mirada del piloto con un matiz inédito, una chispa juguetona, un parpadeo de audacia que buscaba provocar una grieta en la impasible compostura de su compañero. La distancia formal que los separaba poco a poco se disolvió en el tono cálido de su voz.
—Demasiada seriedad para una mañana tan clara, ¿no crees? —murmuró Quatre, dejando escapar una pequeña sonrisa ladeada, cargada de una complicidad ingeniosa.
El lirio ardía sobre la mesa de metal como una braza brillante. Quatre disfrutó el sutil cambio en la respiración de Trowa y la forma en que su mirada, habitualmente impenetrable, se abría con sorpresa ante ese gesto coqueto y espontáneo, sabía que la flor se marchitaría al caer la noche, pero el juego entre los dos acababa de comenzar.
*Es la envoltura exterior de una flor, formada por un conjunto de hojas verdes llamadas sépalos. Su función principal es proteger el capullo floral antes de que se abra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario