Capitulo 3 declaración de amor
Pero antes de que el sol despuntara sobre el horizonte, Trowa se encontraba de camino a una nueva misión que lo llevo a estar ausente todo el día y gran parte de la noche.
Había estado todo el transcurso de la misión pensando en la mejor forma de declarar sus sentimientos incluso el piloto del 02 se había dado cuenta de lo inusual de su conducta, de regreso a los cuarteles de los Maganac en el escaparate de una florería los vio la flor perfecta que era sin duda un reflejo de sus sentimientos a diferencia de la timidez de la acacia o la naturaleza efímera del lirio, aquellas flores poseían la firmeza de un veredicto definitivo.
Tomo el ramo de flores, tulipanes rosas con la firmeza limpia de quien sabe exactamente lo que su corazón desea.
Encontró a Quatre en el estudio, sumergido entre mapas y la luz dorada de un nuevo amanecer que comenzaba a filtrar por la ventana.
_ no es muy temprano para que estés levantado _ preguntó el mayor apoyándose en el marco de la puerta escondiendo el ramo de tulipanes en su espalda.
Al escuchar su voz Quatre alzó la vista con una sonrisa tibia a medio formar.
_ no podía dormir, para serte sincero estaba algo preocupado _ se levantó del escritorio para caminar hasta donde Trowa, pero se detuvo al notar la serenidad absoluta en el rostro del piloto.
Trowa cortó la distancia entre los dos y se detuvo dejando solo un paso entre ellos, sin rodeos, extendió el ramo de flores, esta vez no lo dejó sobre el piano ni lo escondió entre los libros para que él los encontrara de forma sutil, lo sostuvo directamente frente al pecho de Quatre, obligándolo a tomarlo con ambas manos, su corazón latía con fuerza desbocada. Nunca, en ninguna de sus misiones se había sentido así tan nervioso que hasta sus manos temblaban.
Cuando los dedos de Quatre se cerraron alrededor del ramo, Trowa no se retiró sino que cubrió suavemente la mano de Quatre con las suyas, sellando el contacto sobre los pétalos aterciopelados. Sostuvo su mirada en un silencio denso y claro, donde cada barrera que solía protegerlo se disolvió por completo.
Quatre contuvo el aliento al sentir el pulso firme de Trowa contra su piel, leyendo en la intensidad de sus ojos el peso de una entrega total, y sin ningun previo aviso alzó las puntas de sus pies para llegar a la altura necesaria para sellar aquella dulce declaración con un beso.
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